Iglesia y sociedad

PADRE NUESTRO

Por: Pedro Luis Llera

Padre Nuestro

Dios es un Padre bueno. Y un padre bueno ama a sus hijos y da su vida por ellos para salvarlos. Pero un padre bueno también castiga a sus hijos para corregirlos, para que no hagan el mal y vayan por el buen camino. Y hay tantos motivos para castigarnos… Hay tanto pecado en el mundo, tanto mal… Miles de abortos, ideologías impías, apostasía, herejías de todo tipo, idolatría… Hay tanta soberbia… El mundo está ciego y sordo. “Todos juntos venceremos”, dicen. Como los constructores de la Torre de Babel, como quienes vivían en tiempos de Noé antes de que empezara el diluvio, como los habitantes de Sodoma y Gomorra, como todos los que viven sin temor de Dios y se creen impunes, se creen que pueden cometer todo tipo de maldades sin que nunca les vaya a pasar nada.

Padre Nuestro: si llevas cuenta de nuestros pecados, ¿quién podrá resistir? Por la Preciosísima Sangre que derramó Nuestro Señor Jesucristo, ten misericordia de nosotros en este tiempo de tribulación. Apiádate de los enfermos y de los que nada tienen más que a Ti. Cuida de cuantos están entregando su vida para curar y cuidar a los enfermos.

Que estás en los cielos

El Cielo eres Tú, Señor. Tú nos creaste, Tú nos diste la vida. Somos tuyos, barro que moldean tus manos. Y nuestro destino eres Tú, Señor. Tú eres nuestra esperanza y nuestra felicidad. Tú nos das la vida y cuando Tú dispongas, pasaremos de esta vida a tu presencia. Este mundo es el camino para el otro que es morada sin pesar. Nuestra patria es el Cielo. La muerte nada puede ante Ti. Tú, Señor, derrotaste al pecado y la muerte con tu pasión, muerte y resurrección y así, nos abriste las puertas del cielo. Tú eres el Principio y el Fin, el Señor de la Historia, el Dios Todopoderoso y Eterno. Nada temo porque mi vida está en tus manos y Tú eres mi Padre y el Cielo es mi patria. La muerte nada puede. No le tengo ningún miedo. Tengo miedo al pecado mortal, porque soy débil y frágil y mi naturaleza está herida, Señor. Danos la gracia que necesitamos para no caer en pecado mortal y cuéntanos entre tus elegidos para que después de este destierro, después de este valle de lágrimas, podamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.

Santificado sea tu Nombre

Sí, tu Nombre es Santo. “Yo soy el que Es”. Que al nombre de Cristo toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo y toda lengua proclame que Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre. Cristo es el que Es. Él vive y reina por los siglos de los siglos. Cristo es la Luz del mundo. Pero el mundo no quiere recibir la Luz. El mundo vive en las tinieblas y no solo no santifica el Nombre del Señor, sino que blasfema y desprecia a Dios y los malvados conspiran día y noche para pisotear al Hijo de Dios y acabar con las ovejas de su redil. El mundo vive en la oscuridad del pecado, de la depravación. Pero la Luz ha venido y su resplandor terminará con las tinieblas. Cristo es el Rey. Y el Rey volverá. Y la oscuridad del mal dejará paso a la Luz. Ven, Señor, Jesús. Bendito sea tu Santo Nombre ahora y siempre.

Venga a nosotros tu Reino

Ven, Señor Jesús. Ven, no tardes. Tú eres nuestra esperanza. Volverás y el sufrimiento, el dolor y la muerte cesarán. Ya no habrá más enfermedad ni más muerte. El pecado será derrotado para siempre. El león y el cordero reposarán juntos y todas las lágrimas de los justos serán enjugadas. Tu Reino es amor y paz y justicia. Tu Reino es todo cuanto necesitamos, todo aquello que deseamos ardientemente. Llévame, Señor, a ese otro lado del sagrario donde los ángeles y los santos te adoran junto a la Santísima Virgen María y gozan de la felicidad eterna en tu santa presencia. Allí ya no habrá pecado, no habrá mentiras, abusos, explotación ni injusticias. Venga a nosotros tu Reino. Ven que perecemos. Sólo Tú tienes palabras de vida eterna.

Hágase tu Voluntad en la tierra como en el Cielo

Hágase tu Voluntad y no la mía, Señor. Tú lo sabes todo y yo no entiendo casi nada. Tú sabes siempre qué es lo mejor. Yo pienso como un hombre, no como Dios. Aumenta mi fe y ábreme los ojos, que no veo. Para mí todo es un misterio. Yo no quiero la libertad, si no es para amarte, Señor. No quiero ser libre, si eso me aparta de Ti y me lleva al pecado. Toma, Señor, mi libertad. Toma mi vida. Toma todos mis bienes, toma mi trabajo. Tú me lo diste: en tus manos lo pongo todo para que dispongas de todo conforme a tu Santa Voluntad. Tú eres la Verdad que nos hace libres y el pecado nos esclaviza. Hágase tu Voluntad, Señor.

Danos hoy nuestro Pan de cada día

Líbranos, Señor, de la peste, del hambre y de las guerras. No nos des tanto como para que nos olvidemos de Ti, ni tan poco como para que reneguemos de tu Santo Nombre. Danos a todos lo necesario para poder vivir dignamente y cuida especialmente de los que sufren la pobreza y el hambre.

Señor, Tú eres el Pan de vida. Quien come de ese Pan, vivirá para siempre. Pero ahora en buena parte del mundo vivimos confinados en nuestras casas. Muchos no tenemos acceso a la confesión ni a la comunión. Y sin Ti no podemos vivir, Señor. Ten compasión de nosotros. No nos abandones ni nos dejes a nuestra suerte. Protégenos con tu Divina Providencia. Señor, no nos prives de tu presencia en la Sagrada Hostia. Y conviértenos a nosotros en hostias vivas que sirvan y amen a Dios y al prójimo.

Y perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores

Yo te lo debo todo a ti, Señor. Todo me lo has dado Tú. ¿Cómo voy a poder yo pagarte todo lo que te debo? Toma, Señor, y recibe toda mi voluntad, todo me entendimiento, todo mi ser y mi poseer. Toma, Señor, mi corazón y mi debilidad y mi pecado… Acepta mi oblación y mírame con misericordia.

Dame, Dios mío, entrañas de misericordia. Toma mi corazón de piedra y dame tu Corazón para que pueda perdonar y amar a mis hermanos como Tú los amas. Dame tu Corazón para que no juzgue ni condene a nadie, para que sufra con paciencia los defectos y los pecados del prójimo como Tú y mis hermanos tienen que sufrir los míos.

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal

El Demonio nos engaña, Señor. Y nos ofrece una felicidad falsa que nos tienta y nos aparta de Ti. Líbranos de la soberbia de creernos como Tú, Dios mío; de creernos dioses omnipotentes, de creer – necios de nosotros – que no necesitamos de Ti para nada. Que lo podemos todo sin Ti. “Todos juntos podremos derrotar al virus”, dicen… Nosotros nada podemos sin ti, Señor. “El 5 de julio serán los exámenes de selectividad”… ¿Y quién puede garantizar que llegaremos al 5 de julio? Llegaremos a julio, si Dios quiere. Porque “querer hombre vivir, cuando Dios quiere que muera, es locura”. Y derrotaremos al virus – a este coronavirus o a los que vengan después – si Dios nos auxilia con su Espíritu y les abre el entendimiento y les da la ciencia a los investigadores para que puedan encontrar una vacuna o un medicamente que nos permita derrotarlo. Pero si Dios no quiere – dice el refrán – todos los santos son pocos.

Líbranos de la peste que ha causado la muerte de tantos hermanos nuestros. Líbranos del hambre y de las guerras. Líbranos del pecado. Líbranos del Demonio y sus engaños y asechanzas. Líbranos, Señor, de todo mal. Ten misericordia de nosotros y no mires nuestros pecados, sino la fe de quienes queremos por encima de todo permanecer fieles con el auxilio de tu gracia.

 

 

 

 

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