Vida y familia

MES DE TERROR PARA PADRES DE FAMILIA

Por Alfredo Gildemeister

Definitivamente, el presente mes de marzo es un mes de terror para muchísimos contribuyentes padres de familia. Luego de haber sobrevivido a un año en donde la economía peruana se encuentra no en desaceleración, ni paralizada sino en franco retroceso, lo cual ha hecho que el costo de vida suba semana a semana y el dinero alcance menos, ahora se nos vino el mes de marzo y luego de pagar matrículas, útiles escolares, pensiones, seguros, uniformes, el impuesto predial y los arbitrios –gastos por cierto necesarios que no constituyen lujos- se nos viene ahora el pago del impuesto a la renta.

Efectivamente, es tradición maquiavélica que todos los meses de marzo de cada año, los sufridos padres de familia –y por padres incluyo a las madres, pues hay que hablar y escribir con propiedad de acuerdo con la RAE y no caer en la huachafería e ignorancia del “lenguaje inclusivo”- tengan que pasar por mil y un angustias para poder sobrevivir al pago del impuesto a la renta, ya que luego de tantos gastos necesarios y urgentes ¿De dónde diablos obtendrán dinero los padres de familia para pagar el impuesto a la renta? Solo Dios lo sabe… si es que lo sabe.

Alguien se preguntará: ¿Pero no es que, durante el año en tu trabajo –si es que lo tienes- te retienen un porcentaje por concepto de impuesto a la renta para que no pagues nada llegado el mes de marzo? Si bien es cierto tu empleador te retiene un porcentaje de tu remuneración por impuesto a la renta correspondiente a la quinta categoría (rentas del trabajo dependiente), muchos contribuyentes tienen que ingeniárselas para poder sobrevivir y mantener a su familia haciendo otros trabajos y tener más ingresos.

Pero lamentablemente la legislación peruana del impuesto a la renta, solamente te permite deducir 7 Unidades Impositivas Tributarias (S/29,050 soles por el año 2018) además de las famosas 3 UIT que en realidad casi son un saludo a la bandera. En otras palabras, las deducciones de gastos son fijas para todo el mundo, ya seas soltero, casado, mantengas a tus padres ancianos o enfermos, tengas o no tengas hijos, etc. como si la realidad de cada uno de los peruanos fuere la misma y obviamente no es así.

Adicionalmente a ello, las tasas aplicables a las rentas de los contribuyentes personas naturales son altas y nada progresivas, sino todo lo contrario. De un 8% saltas a un 14% para de allí saltar a un 17%. De aquí brincas a un 20% y finalmente viene lo mejor: de 20% saltas a una tasa del 30%!!

En ningún país del mundo existe este sistema fiscalista nada progresivo ni respetuoso de la capacidad contributiva de un contribuyente. Lamentablemente este sistema fue impuesto a mediados de los años noventa y solo con fines recaudatorios y de facilismo para que la SUNAT pueda fiscalizar y recaudar de manera fácil, sencilla y sigue vigente hasta el día de hoy.

No se pensó en el contribuyente, en la familia peruana ni en la justicia de la recaudación. Todo ello ha originado que en estos años exista más informalidad pues obviamente ¿quién va a querer incorporarse a un sistema tan fiscalista como el que existe hoy en el Perú para personas naturales? ¿Quién va a querer incorporarse a un sistema en donde los gastos necesarios para el sustento de una persona y su familia como son los gastos en educación, salud, vivienda, seguros, alimentación, movilidad, luz, agua, teléfono, intereses por créditos necesarios, tributos, etc. no son deducibles? ¡Solo unas miserables 7 UIT para todas las personas sea cual fuere su realidad económica y familiar!

Este “sistema” de tributación facilista y confiscatorio debe ser pues reformado a fondo, cosa que hasta el momento ningún gobierno ha tenido los pantalones para hacerlo. Se prefiere la fácil recaudación, a la justicia y equidad de la misma. Decimos que es confiscatorio debido a que muchos padres de familia deben dejar de educar a sus hijos un semestre en la universidad o cambiarlos a un colegio más económico o mudarse a una vivienda más barata y pequeña o vender su único automóvil –son casos reales y no los estoy inventando- para poder afrontar el pago del impuesto a la renta.

La privación de estas necesidades fundamentales –que no son lujos ¡ojo! – no solo hace que el impuesto a la renta se haya vuelto un tributo confiscatorio sino violatorio de derechos fundamentales de las personas, esto es, de derechos humanos como los son el derecho a la salud, vivienda, educación, tener una familia, etc. Cabe mencionar que las empresas o sociedades –ficciones jurídicas- deducen todos sus gastos necesarios a efectos de calcular su impuesto a la renta. ¿Por qué las personas naturales no podemos hacerlo sino se nos impone arbitrariamente una cantidad fija (7 UIT) sin importar para nada su realidad personal y familiar? En el mejor de los casos, los padres de familia tienen que recurrir a solicitar a la SUNAT un fraccionamiento de su deuda tributaria para pagarla mes a mes durante un plazo determinado, y así vivir con una deuda tributaria casi de manera permanente. Esto no puede ser lo “normal” para un contribuyente, si es que le alcanzan sus ingresos mensuales para cumplir con el bendito fraccionamiento, o ¿Acaso trabajamos o vivimos para la SUNAT?

De allí que urge en el Perú efectuar una reforma tributaria a fondo de la tributación de la persona natural y por ende de la fiscalidad familiar. Esta reforma debe emprenderla el Poder Legislativo o, en todo caso, el Poder Ejecutivo previa delegación de facultades. Varias oportunidades de delegación de facultades se han tenido y no se ha hecho nada en absoluto. Una reforma así generaría una verdadera lucha contra la informalidad puesto que las personas naturales efectuarían sus compras y consumos en la economía formal, solicitando el comprobante de pago correspondiente a fin de sustentar ante la SUNAT sus gastos deducibles y no, como sucede hoy, comprándole al comerciante informal e incentivando la informalidad. Los padres de familia no perdemos la esperanza de que esta absurda e injusta legislación tributaria, por la imposición de un sistema tributario facilista y absurdo, termine de una vez por todas. De lo contrario, la informalidad constituirá la principal salida ante una situación tan injusta y aterradora.

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