Iglesia y sociedad

LA CIZAÑA

“… vino su enemigo y sembró cizaña” (Cf. Mt 13, 24-30).

Como pasa siempre con el Evangelio -es decir, con Jesús-, en él -y en Él- encontramos la Verdad: la Palabra de Dios hecha Carne. Una Carne que,  “ES” entregada por vosotros; lo mismo que su Sangre “ES” derramada por vosotros.

 

Pero hoy hay gente de la Jerarquía, gente especialmente encumbrada en cargos eclesiales, empeñada en decir exactamente lo contrario de lo que dice el Evangelio; y, por tanto, de la Verdad hecha Carne, que nos ha entregado Jesús mismo en su Iglesia: la Iglesia Católica.

¿Por qué lo hacen? ¿Qué pretenden saliendo por ese registro: sembrando cizaña entre el trigo, como denuncia Jesús en su famosa “parábola del trigo y la cizaña”? Pues no sabemos de cierto lo que pretenden ni por qué lo hacen, porque nunca lo dicen. Y no lo dicen porque quedarían con las vergüenzas al aire; y, aunque tuvieran la afición, con la que está cayendo no es plan. Y se callan.

Pero no quiere decir que no lo atisbemos. Dicen lo que dicen “porque quieren decirlo”: nadie les obliga. Y además de porque quieren, lo hacen también, necesariamente, para hacer daño: al mismo Jesús, a la Iglesia, a los demás miembros de la Iglesia, y a las almas todas. Porque esto, “que hacen daño”, también lo saben.

Y voy con dos ejemplos recientes, aunque podría poner más.

Cardenal Joseph Tobin, arzobispo de Newark, estado de Nueva York. En una entrevista en la cadena CNBC, en la que, a una pregunta sobre los homosexuales y la homosexualidad en la que, la entrevistadora citaba al Catecismo de la Iglesia Católica que califica por lo directo de “intrínsecamente desordenados” los actos homosexuales, y de “intrínsecamente desordenada” la misma inclinación homosexual, contestó el “bueno” del arzobispo: “Es un lenguaje muy desafortunado”; y remachó: “Esperemos que con el tiempo la redacción sea un poco menos hiriente”. Este buen monseñor no está de acuerdo con Dios.

En la misma línea, el cardenal R. Marx, presidente de la CEA y miembro del disminuido G7 del Vaticano, ha declarado públicamente que en Alemania iban a revisar toda la doctrina moral sobre la sexualidad y que pretendían hacer vinculantes sus conclusiones. Otro que tal, y con la comandita correspondiente.

¿Qué les pasa a todos estos sujetos? Más los que callan como muertos -porque lo están, claro-ante tamaños disparates, impropios -se descalifican y se anulan a sí mismos- de miembros de la Jerarquía Católica. Les pasa que se escandalizan del Evangelio, de la Palabra de Dios, tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento.

Me salto el Antiguo Testamento, y voy al Nuevo. Aquí está escrito, por ejemplo de la mano de san Pablo: No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los injuriosos, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios (I Cor 6, 9-10).

Y en el Apocalipsis, leemos: Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la Vida y entrar por las puertas de la ciudad. Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los homicidas, los idólatras y todo el que ama y practica la mentira (22, 14-15). [Los “perros”, los “impuros” es lenguaje habitual para referirse a los homosexuales, en los dos Testamentos].

Y nuevamente san Pablo: De modo que son inexcusables, porque habiendo conocido a Dios no le glorificaron como Dios ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos y se oscureció su insensato corazón (…).

Por eso Dios los abandonó a los malos deseos de sus corazones, a la impureza con que deshonran entre ellos sus propios cuerpos: cambiaron la Verdad de Dios por la mentira y dieron culto a la criatura en lugar del Creador (…).

Por lo tanto, Dios los entregó a pasiones deshonrosas, pues sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contrario a la naturaleza, y del mismo modo los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrazaron en deseos de unos por otros, cometiendo torpezas varones con varones y recibiendo en sí mismos el pago merecido por sus extravíos. (…) Ellos, aunque conocieron el juicio de Dios -que quienes hacen estas cosas merecen la muerte-, no solo las hacen, sino que defienden a quienes las hacen (Rm 1, 20-32).

Parecen claras, por tanto, dos cosas, a cuál más importante.

Una: el tema de los usos sexuales “antinatura” son fruto de haberse alejado de Dios: de Él, de su Doctrina y de sus Preceptos. Dos: que nadie puede alegar desconocimiento: ni los que se echan en los brazos de esas prácticas, ni los que pretenden obviar o negar lo que la Escritura dice taxativamente: no hay forma de eludirlo, ni de ocultarlo, ni de tergiversarlo.

 

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