
La reciente intervención del Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) para ordenar la retirada de vallas publicitarias de CitizenGO durante la Asamblea General de 2025 en Antigua y Barbuda no solo constituye un ataque directo a la libertad de expresión, sino que también evidencia la creciente influencia de la agenda woke en las instituciones hemisféricas.
Este acto, ejecutado bajo presión de grupos activistas y con la complicidad de las autoridades locales, revela un preocupante intento de silenciar voces disidentes que desafían las narrativas progresistas promovidas en el seno de la OEA.
CitizenGO, una organización global dedicada a la defensa de la vida, la familia y la soberanía nacional, lanzó una campaña durante la Asamblea General celebrada el 24 de junio de 2025 en St. John’s, Antigua y Barbuda. Su mensaje, desplegado en vallas publicitarias estratégicamente ubicadas en el aeropuerto de Antigua —en puertas de llegada, áreas de recogida de equipaje y controles migratorios—, era claro y contundente: “Rechacen la Agenda Progresista. El aborto NO es un derecho humano”. Esta campaña buscaba representar a millones de ciudadanos que abogan por valores tradicionales frente a lo que CitizenGO denomina una “agenda woke” que promueve políticas contrarias a la vida y la familia.
Sin embargo, la rápida retirada de estas vallas, ordenada directamente por el Secretario General de la OEA según informes de CitizenGO, pone de manifiesto cómo la agenda woke ha permeado las estructuras de esta organización. El término woke, utilizado para describir un conjunto de ideologías progresistas que priorizan narrativas sobre derechos reproductivos (campañas antivida), identidades de género (agenda Lgbt) y otras supuestas causas sociales en detrimento de valores tradicionales, parece haber encontrado eco en la OEA, al punto de justificar la censura de mensajes que cuestionan su hegemonía.
La presión ejercida sobre el gobierno de Antigua y Barbuda para eliminar las vallas, a pesar de que fueron instaladas por una empresa privada, sugiere una alineación de la OEA con intereses ideológicos que buscan imponer una visión única, marginando el pluralismo que debería caracterizar a una institución representativa de las Américas.
Este incidente no es aislado, sino que refleja una tendencia más amplia dentro de la OEA, donde resoluciones y debates recientes han mostrado un sesgo hacia posturas progresistas, a menudo impulsadas por grupos de presión que promueven la agenda woke. Estas políticas, que incluyen la defensa del aborto como un supuesto derecho humano y la redefinición de conceptos tradicionales de familia, han generado controversia entre los Estados miembros y las organizaciones civiles que ven en ellas una amenaza a la soberanía cultural y los valores fundamentales de sus sociedades. La censura de CitizenGO es, por tanto, un síntoma de esta dinámica, donde el liderazgo de la OEA parece más comprometido con apaciguar a ciertos sectores ideológicos que con fomentar un diálogo positivo.
La actitud del Secretario General no solo merece una condena por su impacto en la libertad de expresión, sino también por su papel en consolidar la agenda woke dentro de la OEA. Este acto plantea preguntas críticas: ¿Es la OEA un foro para el diálogo plural o una plataforma para imponer una ideología específica? ¿Cómo puede una institución que dice representar a los pueblos de las Américas justificar la censura de quienes defienden valores compartidos por millones? La comunidad internacional debe exigir transparencia, rendición de cuentas y un compromiso renovado con el pluralismo, para evitar que la OEA se convierta en un instrumento de agendas ideológicas que no representan la diversidad de la región.
La lucha contra la censura y la imposición de la agenda woke en la OEA no ha terminado. CitizenGO invita a los ciudadanos a unirse a su causa defendiendo la vida, la familia y la verdad frente a las presiones ideológicas.
Este episodio no solo refuerza la necesidad de alzar la voz, sino que también subraya la urgencia de proteger las instituciones democráticas de influencias que buscan homogeneizar el pensamiento en detrimento de la libertad.
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