Política

DEL GATO DE SCHRÖDINGER AL POLLO DE CASTILLO

Por: Ibeth Angulo

Cuando Schrödinger ideó su experimento mental sobre el hipotético gato, que podía estar simultáneamente vivo o muerto, quería referirse a un evento subatómico aleatorio: que puede ocurrir o no. Su experimento ha servido de marco referencial para discusiones teóricas sobre interpretaciones de mecánica cuántica. Se trata de un aporte científico.

El relato de Castillo sobre el pollo no apunta en el mismo sentido, de evento subatómico aleatorio o de error involuntario, que puede ocurrir o no. De acuerdo con las palabras de Castillo, “una vez un niño llevaba un pollo a la espalda, el maestro (del niño) no sabía que cosa estaba llevando… El niño “quería hacerle caer” (al maestro) y preguntó si el pollo estaba vivo o estaba muerto”.

Lo siguiente del relato explica los efectos de la respuesta del profesor; si este indicaba que el pollo estaba muerto, el niño mostraría el pollo vivo. Pero si el profesor respondía que el pollo estaba vivo, el niño “torcía el cuello del pollo”.

La comparación -grotesca, por cierto- entre el relato de Castillo y el experimento de Schrödinger nos sirve para entender aquello que los fenomenólogos llamaron “experiencia subjetiva”. Los hechos objetivos, o las suposiciones a partir de unos datos, pueden ser los mismos o similares: un animal (el gato o el pollo) sobre el que se genera la duda de si está vivo o muerto; pero cada quien analiza estos hechos o suposiciones de manera diferente: la explicación de un evento aleatorio o la posibilidad de un engaño deliberado: para “hacer caer”.

Por lo menos curioso el relato del pollo, en versión de quien obedecía una consigna como la de “tírate, tírate”, que omitió información relevante en su ficha de postulación como cabeza de plancha presidencial, que atendía una agenda de reuniones fuera de palacio y que presentó un plagio bajo la forma de tesis de maestría. ¿Qué tienen en común todos estos eventos? Pues, el engaño deliberado; con el agravante de que, por tratarse del gobernante del país, sume a toda la población en este desgaste de autoridad.

Cada vez se hace más evidente el patrón de comportamiento que escala de mentira a engaño y de engaño a falsedad. Esto es, de la afirmación de algo que no es verdad (mentira) a sostener en el tiempo tal distorsión de la realidad (engaño), para finalmente llegar a actos que aporten a lo anterior (falsedad).

Pero también es innegable que alrededor del reconocimiento de este patrón se va cumpliendo la sentencia de Schopenhauer: “Toda verdad pasa por tres etapas antes de ser reconocida. En la primera es ridiculizada. En la segunda genera una violenta oposición. En la tercera resulta aceptada como si fuera algo evidente.”

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