Internacional

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA CRISIS PROVOCADA CON EL CORONAVIRUS

Imagen referencial.

Por: Rolando Villanueva Oré y Jeamel Flores Haboud

El Coronavirus (COVID-19) ha generado una crisis a nivel mundial. Según muchos científicos y especialistas sobre el tema, no existen evidencias confiables que respalden las decisiones políticas. Tampoco, si las medidas draconianas van a detener el virus o van crear impactos mayores en la salud de la población. Incluso, como muchos virus, prevalece la posibilidad de que se disipe por sí solo. Finalmente, se tiene sólo una prueba de población cerrada completa, la del crucero Diamond Princess y los resultados no son tan alarmantes, pues, a pesar de tratarse de un grupo de edad avanzada, la letalidad fue de 1%, mucho menor que la de la influenza (1).

Entonces, ¿por qué todo este escándalo, lleno de psicosociales, chantajes emocionales y psicosis? ¿Es válido creer que pueda haber algo más atrás de todo esto? ¿No es un disparate pensar que se trate de la primera “Guerra biológica” anunciada desde hace tiempo? ¿Qué ha sucedido en el mundo para que las formas políticas, económicas y sociales, es decir, nuestra manera de entender el mundo, ya no sean viables?¿Vamos camino a un Gobierno Mundial de corte tirano? ¿Cuáles son los objetivos y qué fuerzas están en juego?

Ninguna de las preguntas anteriores podemos responder, pero podemos lanzar algunas hipótesis a partir de un somero análisis mundial de la situación. Vemos tres objetivos atrás de este ataque perpetuado principalmente por China. Los vamos a enumerar para luego desarrollar y explicar cada uno de ellos. El primero sería causar caos en la economía del mundo para luego aparecer ellos como los grandes salvadores y llevarse todo a precio de remate. El segundo, es poner al resto de los países en estado de pánico irracional –finalidad que lograron en menos de un mes – para bajar la moral y no tener oposiciones ante sus siguientes acciones. El último buscaría atacar el fundamento de lo que queda de la cultura occidental, es decir la libertad personal y el culto a Dios.

La economía es el eje mundial sobre el cual se basa el desarrollo y bienestar de las personas. Ha sido la base del poder político y el causante de fondo de muchas de las grandes guerras. Si China se adueña de la economía mundial no tardaremos en ser poco menos que esclavos de su maquinaria de producción: adiós derechos laborales, adiós libre empresa, adiós libre iniciativa. Todo se regiría por los planes que tuviera el gobierno y lo que sea mejor para sus intereses.

Por otro lado, la moral es el baluarte del espíritu. Su desarrollo depende de la inteligencia y de la libertad, no del sometimiento. El miedo es una forma fácil y cruel de doblegar el sentido común y una forma engañosa de someter la voluntad: “por el supuesto bien del otro”. Si los demás se encuentran ausentes de decisión, China tomará el control de la política mundial, estableciendo gobiernos títere en el resto del mundo y acomodando la geopolítica de acuerdo al interés propio.

Asimismo, China ya ha dado muestra, desde los años ’80, del deseo de voltear años de recesión y de pocas oportunidades a través del auge último. La estocada sería, como lo ha demostrado, acabar con la cultura católica en el mundo. En China, los católicos han sido cruelmente reprimidos, martirizados y asesinados. El catolicismo ha representado la libertad del espíritu: el espacio principal “fuera de dominio” del hombre, se encuentra en las manos de Dios. Intentar matar la verdad  es acabar con la reserva de esperanza, que nunca muere, por un mundo mejor: no somos sólo materia, somos también espíritu y fuimos creado a imagen y semejanza de un amor imperecedero (Dios).

De esta manera, para llegar a un Gobierno –Comunista- Mundial habría un solo paso. El comunismo tiene la ventaja de haber hecho creer por años de ataques ideológicos y de todo tipo que está del lado del “bien”, que busca la justicia. Nadie se ha puesto pensar cómo han sido y son los países comunistas, cómo vive su gente. El comunismo ha capitalizado el odio y el resentimiento y ha hecho creer que “llegó la hora de la reivindicación”. Pero este supuesto repunte es hacia abajo. La mejor muestra es la base de la economía china esclavizante: niños trabajando, bajos sueldos, más de 12 horas produciendo en las fábricas. La gran población en el país asiático ayuda a esconder esta verdad alarmante y despótica.

Esto que estamos presenciando es un primer paso, es una prueba para quedar listos para su ataque final. Están midiendo nuestras reacciones. Primero nos meten pánico, nos encierran y nos dejan sin servicios religiosos con el pretexto de la epidemia.
Luego, comprueban qué tan fácil es hacer que las personas crean cosas sin sentido. Por ejemplo, esta locura mundial por comprar papel higiénico es una de las acciones más ilógicas que hemos visto en la vida. Igualmente, todos andan asustados por una enfermedad que matará a unos pocos miles en el mundo a lo largo del año y se olvidan de otras más comunes y letales que ya matan a cientos de miles en cada estación. Si ven que somos fáciles de manipular nos quitarán la libertad sin que nos demos cuenta. Y por libertad no nos referimos únicamente a decidir qué haremos con nuestras vidas en el día a día, queremos decir que perderemos la principal libertad que es hacer el bien, tener dignidad y amar a Dios.

De estos tres objetivos, pensamos que el más importante para ellos es el tercero. No van a conformarse con alcanzar los dos primeros, que serían meros medios. Ellos quieren apropiarse de nuestras consciencias; por eso, la revolución odia a Dios y hace todo lo posible por destruir su creación, ahí donde los seres humanos somos la máxima expresión de ella. Y un hombre sin libertad ni dignidad, que es manejado por sus instintos y por un tirano, es un hombre destruido.

Un hombre libre, que actúa racionalmente y que ama a Dios, jamás será controlado por un gobierno totalitario. Por eso, es importante que analicemos bien toda la información que llega y no nos dejemos llevar por el miedo. Esta emoción es muy peligrosa pues nos hace perder el control de todo. Recordemos que tenemos a Dios de nuestro lado y Él nos acompaña siempre. Ante cualquier duda y temor, solo es necesario rezar y pedirle ayuda. Él nos confortará y nos hará pensar con claridad.

No seamos pesimistas, ya sabemos que el triunfo final es de Dios. Además, esta crisis es la oportunidad que necesitamos para revivir a nuestra civilización, que ahora está casi destruida: nuestros enemigos internos han hecho un trabajo eficiente (el consumismo, la cultura light, la falta de valores) y aparentemente seremos presa fácil del enemigo externo. Tenemos la opción de dejar que las cosas sigan según lo que quieren los chinos (y la revolución) y caer bajo su tiranía o podemos enfrentarlos. Pero solo tendremos el valor para luchar y solo podremos alcanzar la victoria si salimos con la cruz por delante. Dejemos de ser “occidente” y volvamos a ser “La Cristiandad”. Eso está en el ADN de nuestra civilización.

Epílogo: El gobierno chino tiene suficientes recursos y demasiados pocos escrúpulos para lanzarse  a esta aventura mundial, lo que no nos queda claro es que si van solos en esto o lo han hecho en alianza con alguien más. Eso se sabrá pronto.

 

(1) https://www.infobae.com/america/mundo/2020/03/17/la-advertencia-de-un-academico-y-epidemiologo-de-stanford-sobre-el-coronavirus-un-fiasco-en-ciernes/

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