
Por: Juan Diego López Espinoza
En la política italiana, un gobierno estable resulta ser una rareza digna de estudio, motivo por el cual los 1.413 días ininterrumpidos en el poder que ha alcanzado Giorgia Meloni adquieren un peso histórico innegable. Al superar el récord del segundo mandato de Silvio Berlusconi, la líder encabeza el Ejecutivo continuo más largo desde la posguerra. Aunque celebrar esta estabilidad tiene sentido en un país acostumbrado a cambiar de primer ministro cada catorce meses, entender cómo se gestó este hito requiere analizar con realismo sus decisiones estratégicas y los obstáculos que ha tenido que superar.
El motivo por el cual los gobiernos en Italia duran tan poco se asienta en su propia Constitución de 1948, cuyo objetivo primordial era evitar la concentración de poder en una persona. Bajo este principio se estableció un bicameralismo perfecto donde la Cámara de Diputados y el Senado comparten idénticas funciones, mientras que el Presidente del Consejo o primer ministro hace la función de coordinador, sin una capacidad real para disolver el Parlamento o destituir ministros. Como consecuencia, incluso los partidos más pequeños en el poder han tenido históricamente la capacidad de tumbar coaliciones enteras bajo la amenaza de exigir más representación.
En contraste con esta debilidad sistémica, el ascenso de Fratelli d’Italia a la cima del gobierno fue tan rápido como contundente, pasando de un marginal 4% en 2018 a un arrollador 26% en las elecciones de 2022. Este crecimiento exponencial se explica por el alineamiento que el partido de Meloni tomó en 2021: cuando todos los partidos decidieron apoyar al por entonces primer ministro Mario Draghi en una estrategia de unidad nacional para hacer frente a la crisis de la pandemia, FdI optó por quedarse en absoluta soledad como la única oposición. Dicha postura le permitió canalizar eficazmente el voto de protesta, absorbiendo la gran mayoría del voto de derecha que ya no confiaba en el oportunismo de Matteo Salvini o en la desgastada Forza Italia de Berlusconi.

Una vez en el Palacio Chigi, la premier consolidó su gobierno con una fuerte dosis de pragmatismo que dejó sin argumentos a la prensa más alarmista. En política exterior, tomó distancia de la línea aislacionista de Donald Trump para abrazar una firme postura atlantista de respaldo a Ucrania. Esto no solo desactivó las sospechas de sus socios europeos, sino que le otorgó una sólida credibilidad internacional. A nivel nacional, la nueva relación de fuerzas jugaba a su favor, ya que, al superar ampliamente en votos a sus aliados de coalición, la Lega y Forza Italia, estos se quedaron sin margen para romper el pacto sin destruirse a sí mismos en el proceso.
Pese a este escenario favorable, su gestión no ha estado exenta de tropiezos, contradicciones y un turbulento escenario internacional. El caso que más golpeó el bolsillo de los italianos es quizás el derivado del conflicto en Irán. En campaña, Meloni había prometido rebajar los impuestos al diésel y a la gasolina; sin embargo, tras el alza en los precios, decidió dar marcha atrás a su promesa, limitándose a mitigar el impacto con ayudas puntuales. Así, priorizó la estabilidad macroeconómica por encima del populismo costoso.
Asimismo, su logro más aplaudido a nivel internacional es ser la cara del cambio de rumbo de la Unión Europea en materia de migración. Su propuesta de externalizar a los migrantes irregulares a centros en Albania hasta poder deportarlos legalmente fue validada por la Comisión Europea y presentada como referente para los otros países de la UE.
Con todo, el camino hacia el final de la legislatura aún presenta obstáculos de enorme calado. El más imprevisible de ellos es el avance del general Roberto Vannacci dentro de su propio entorno político. El general Vannacci no es un político más, es un agente caótico cuyo discurso radical amenaza la moderación exhibida ante Europa y el férreo apoyo a Ucrania. A su vez, Vannacci canaliza el descontento de un sector de derecha que se siente abandonado, argumentando que el oficialismo ha hecho demasiadas concesiones.
A esto se suman compromisos pesados como cumplir con las reglas fiscales de la Unión Europea y sacar adelante la reforma constitucional del Premierato para la elección directa del Presidente de la República. Cumplir con estos objetivos determinará si su partido crecerá o descenderá de cara a las próximas elecciones legislativas de 2027.
Lo que es un hecho es que Meloni demostró que para durar en Roma no alcanzaba con el discurso duro de campaña, sino que hacía falta negociar en Europa, cuidar las cuentas y administrar los equilibrios de poder con pragmatismo.
Kazmin, A. (22 de septiembre de 2022). What an Italy led by the far-right might mean for Europe. Financial Times. https://www.ft.com/content/649d7326-8013-412d-84f3-97fc3a5069e3
Termometro Politico. (s.f.). Termometro Politico. Recuperado el 9 de septiembre de 2026, de https://www.termometropolitico.it/
Constitución de la República Italiana [Const.]. (1948). Italia.



