Internacional

LA PRIMERA VICTORIA DE JAVIER MILEI. ENTRE LA ESPERANZA Y EL ESCEPTICISMO DE QUE EL LIBERALISMO IMPERE EN LA ARGENTINA

Escribe Jaime de Rivero

El triunfo rotundo de Javier Milei en las elecciones primarias (PASO) del último domingo, ha redefinido el escenario político para la Argentina. El candidato de La Verdad Avanza obtuvo 30% de los votos, 10 puntos por encima de lo que las encuestas vaticinaban, convirtiéndose en el principal candidato para ganar las elecciones del 22 de octubre, seguido por Patricia Bullrich del centro-derechista Juntos por el Cambio (28.27%) y Sergio Massa del oficialista Unión por la Patria (27.27%), que reúne al kirchnerismo, peronismo y otros de izquierda.

Es destacable que dos tercios de los argentinos se hayan decantado por posiciones liberales, reduciendo a los socialistas a mínimos históricos. Algo no menor para un pueblo que tradicionalmente ha optado por la demagogia de izquierda. A pesar de que es prematuro adelantar el desenlace final, es probable que ningún candidato gane en primera vuelta, para lo que se requiere 45% de la votación o 40% o más con una diferencia superior a 10 puntos sobre sus contendores.

La campaña promete ser feroz e implacable con Milei que propone una reforma liberal para sacar a la Argentina de la crisis constante que la afecta desde hace 70 años, con más de 40% de pobreza e indicadores que anuncian un desastre mayor. Menos Estado, reducción del gasto público, disminución del déficit fiscal, eliminación de subsidios, dolarización de la economía, privatizaciones, libre mercado y protección irrestricta de la propiedad privada, son parte de sus propuestas que colisionan frontalmente con la estructura socialista del Estado argentino y el enorme aparato burocrático que opera desde hace décadas.

En este contexto es válido cuestionarse si Javier Milei estaría en capacidad de realizar la transformación que propone. El problema no es la receta que la sabemos exitosa, sino cómo implementarla a cabalidad para que el liberalismo funcione en la Argentina, algo que el candidato libertario no ha explicado con detenimiento.

El primer escollo es jurídico. La Libertad Avanza deberá alcanzar una amplia mayoría de votos en las dos cámaras del Congreso de la Nación para poder aprobar las reformas políticas y económicas necesarias para que el sistema liberal sea exitoso. Tendrá que desarticular viejas estructuras de poder, suprimir “derechos adquiridos” de la población y derogar normas que el peronismo y kirchnerismo introdujeron en la legislación, como en la reforma constitucional de 1994.

Aún si lograse mayoría congresal, el principal obstáculo es estructural y de mayor complejidad. Se trata de los propios argentinos que difícilmente apoyarán la reforma liberal por los costos y renuncias que conlleva. Gran parte de la población sobrevive por los subsidios que recibe del Estado; desde que llegó el peronismo al poder en 1946, suman tres generaciones mal acostumbradas al asistencialismo que no es otra cosa que vivir del trabajo de otro.

Con una mentalidad limitante y dependiente, tan arraigada en el ciudadano promedio, es difícil esperar la cuota de sacrificio que se necesita, principalmente, en cuanto a los numerosos subsidios que deben eliminarse para reducir el déficit fiscal.  Al igual como ocurrió en el Perú durante los años 90, el sinceramiento de la economía que propone Milei, agravará la terrible situación actual que tiene al dólar al doble de lo que costaba hace tres meses.

A ello se suma que los argentinos están acostumbrados a vivir en crisis permanente. Desde 1950 hasta la era kirchnerista, han soportado distintas calamidades como el Rodrigazo, la hiperinflación, la crisis de deuda, el default, el corralito, entre otras, sin haberse rebelado ante ese sistema peronista-socialista que los empobrece. Pareciera como si en la siquis colectiva hubiera un conformismo masoquista que los mantiene resignados a ese status quo, a pesar de que los deteriora progresivamente. Si bien es previsible que gran parte no apoye las reformas, Milei ha conectado con los jóvenes que quieren un cambio porque detestan a los políticos tradicionales que él con astucia les ha llamado “casta”, y este es un aspecto que podría revertir ese rasgo de sumisión señalado.

Otro obstáculo no menor es el oficialismo que, junto con el peronismo y la izquierda, defenderán a sangre y fuego los numerosos privilegios que tienen del Estado. Los casi 4 millones de empleados públicos que están directamente amenazados por la candidatura libertaria, tomarán partido en el pleito y se espera una fuerte resistencia en las calles, incluso antes de las propias elecciones. Junto a ese Estado gigantesco pulula una corrupción generalizada y las múltiples mafias vinculadas a ella, que también intentarán evitar el reformismo.

En el Perú, Alberto Fujimori pudo derribar el aparato socialista que impuso la dictadura izquierdista de Velasco Alvarado y establecer el modelo liberal, porque logró unir a los peruanos frente al terrorismo comunista y asesino de Sendero Luminoso y el MRTA.  Con la captura de Abimael Guzmán y la inminente derrota militar de la subversión en 1992, Fujimori alcanzó una popularidad enorme y la legitimidad que requería para aprobar la Constitución de 1993 que permitió la gran transformación del país. Los cambios se dieron en un clima de paz, con una oposición mínima y una izquierda muy disminuida por su cercanía ideológica con el terrorismo.

Algo similar ocurrió en Inglaterra, cuando la Primer Ministro Margaret Thatcher desmanteló el mal llamado Estado de Bienestar mediante políticas durísimas que fueron muy impopulares en ese momento. La inesperada Guerra de las Malvinas -promovida por la Argentina- propició la identificación de los ingleses con el gobierno fuerte y decidido de la Dama de Hierro. El triunfo militar facilitó la reelección de Thatcher que permitió consolidación de las reformas liberales.

En el escenario argentino no se vislumbra un supuesto similar que pueda cohesionar a la población entorno al proyecto liberal, por más urgente y beneficioso que sea. Tiene en contra también el temperamento provocador y combativo de Javier Milei, que no facilitará los consensos con otras fuerzas políticas, necesarios incluso si obtuviese la mayoría de los votos. Así pues, el futuro es incierto, tanto para el éxito de su candidatura en las elecciones, como para la implantación del liberalismo económico, que es la única alternativa para rescatar a la Argentina de la debacle.

 

 

 

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