Cultura

¿MEDALLISTAS DE PLATA? PERÚ ES EL SEGUNDO PAÍS QUE PEOR MANEJA EN EL MUNDO

Por: Juan David Quiceno*

  Hace algún tiempo, una compañía especialista en seguros automovilísticos (Compare The Market) dio a conocer un ranking de los mejores conductores del mundo. Para determinarlo evaluó los índices de tráfico, la calidad de las vías, los límites de velocidad, los índices de alcoholemia y muertes causadas en accidentes automovilísticos, las reacciones en redes y, probablemente, aunque quizá no se mencione, la cantidad de dinero que deben desembolsar por el número elevado de siniestros. En ese ranking, Perú quedó en el penúltimo lugar. Es decir, es el segundo país con más malos conductores en el mundo. Perú, seguramente, no debe ser rentable para el mercado de los seguros. Ya lo indica también la enorme dificultad para activar el seguro (salvo que tengas un amigo) y las primas cada vez más altas.

Muchos noticieros se hicieron eco del informe, contaron anécdotas, descargaron sus penas, presentaron datos y en algún caso pidieron a la población mejorar su actitud al manejar. Estuve esperando pacientemente que a alguien se le ocurriera dar una explicación de carácter más –digámoslo en nuestros términos– filosófico del problema. Es decir, que alguien se atreviera a dar algún por qué. En el fondo, porque si no encontramos las causas, lejos estamos de mejorar.

Honestamente, me interesó dar algunas razones para no enloquecer. En algún punto quizá mis hipótesis estén fuera de sitio y no creo que sean las únicas. Pero, aquí va mi contribución al asunto, que tiene solo la intención de aportar un poco a la solución y que, como todo problema social, solo se resuelve si inicia con el cambio de actitud de las personas que la conforman.

Estuve preguntando a varias personas por qué consideran que en el Perú se maneja mal. Las tres razones más importantes que escuché fueron las siguientes: falta de mano dura por parte de las autoridades, la viveza criolla y el egoísmo. No me encuentro completamente convencido de que sean “la raíz” del asunto, pero en mi opinión, quizá nos puedan ayudar a indicarlo.

Es decir, es verdad que las autoridades son flojas y fácilmente corrompibles. Están acostumbradas a ser burladas y solo ponen multas cuando deben hacer su feria. También es verdad que la criollada típica del país se impone en la calle. Sí, la forma es sumamente rudimentaria, como los leones, los cocodrilos o las hienas en la selva, en el tráfico se sobrevive imponiendo la fuerza y depredando al más débil. Por último, el egoísmo. Cada uno busca lograr su fin sin que importen los demás.

Creo que estos tres elementos señalan un asunto núcleo: la violencia de la calle, expresa el sufrimiento interior de un pueblo que se siente aminorado y que intenta mostrar su dignidad por la fuerza. Se trata de algo sumamente trágico, pues, considero que los peruanos son gente noble y amable. Veo corazones humildes y generosos por doquier. Pero, cuando suben al auto, se transforman. Algo análogo a lo que sucede cuando asumen el poder, tienen un poco de éxito o se sumergen en la masa. Esos corazones, incluso de los que se consideran más cultos, tienen muchos dolores que truecan la nobleza en tiranía.

Dado que el automóvil se ha convertido en una manifestación de progreso, se le experimenta como un principio de autoridad. Por eso, los carros más grandes mandan sobre los más pequeños. Los que tienen seguro son más temerarios y los “malos conductores” o “aprendices” cometen imprudencias a manos llenas dado que consideran que es la única manera de sobrevivir en un ambiente violento.

Una vez que subes al automóvil se pierde la mirada personal. Todos son como “objetos” en un mundo en el que sobrevive el más fuerte. Ya se está acostumbrado a esa guerra. Por eso, lo que en otro país sería una agresión que se puede pagar con la vida, aquí termina con un par de malas palabras y manotazos al aire. Esto se hace evidente cuando se pide paso. No sirven las direccionales, la calle solo responde a la mano humilde que pide paso o a los ojos que piden auxilio. Esto es muy revelador, todos evitan mirar a los ojos porque si te ven mientras pides paso, entonces, no tienen más remedio que dejar pasar, incluso con amabilidad. Lo que creo que pasa es que la mirada restablece la condición personal. Ven que eres de carne y hueso, que no hay maldad ni viveza en el querer pasar, sino simplemente querer seguir adelante como todos.

En el fondo, creo que en el Perú se maneja mal porque la nobleza de la gente esconde su rostro por temor a ser pisoteado. Es un país amable que se siente aminorado y que descarga todos sus rencores cuando tiene un poco de poder. Por eso, no cree en la ley, sino que tiene una relación conflictiva con ella. Habrá que volver también la mirada hacia la relación con la ley. La formalidad tiene una enorme bondad a pesar de que pensemos que nos roba un poco de libertad. La ley no es mala, es más está inscrita en nuestra naturaleza común, está hecha precisamente para ser comunidad. Que la ley nos impida hacer lo que nos da la gana es bueno. El orden es precisamente eso, estructurar el caos que procurará que todos busquen sus fines sin importar los medios que emplean.

La solución. Sin duda mejorar las estructuras viales, educar humana y vialmente a la población. Que haya que estudiar mucho para sacar el brevete y que cuando no sea la responsabilidad que nace de la libertad, la autoridad sea incorruptible e implacable. Pero, sobre todo, restablecer la nobleza del Perú. Querido conductor: ser amable no te hace menos, dejar pasar tampoco. Parar donde no se debe no es un acto de heroísmo, sino una falta de carácter. Usar las direccionales es respeto y dejar pasar al peatón es dar prioridad a los que son más vulnerables.

No sé si es pedirle mucho a la calle o al Perú. Pero, estoy seguro de que, si no vemos al otro como el hermano que es, entonces, no mejorará ni el tráfico ni el país. Si queremos menos tráfico, accidentes, imprudencias y cánceres producidos por el estrés y el mal humor, debemos empezar por volver a pensar que en la calle todos somos del mismo equipo. Es difícil, sí. Pero, si no empezamos a cambiar la cultura del “sálvese quién pueda” o que “prevalezca el más fuerte” antes de ser mejores y más humanos, seguiremos viviendo en la miseria y en el caos. En otras palabras, seguiremos siendo siempre los primeros del ranking, pero al revés.

 

* Profesor de la Universidad Católica San Pablo

 

1 comentario

  1. Lo que ha hecho el desastre del tráfico se remonta al fujimorato, cuando se importó libremente autos siniestrados, autos con timón a la derecha y combis para transporte público. De esos tres aspectos dos se han corregido, el tercero las camionetas rurales que piratean rutas, esos siguen campeando a sus anchas, y amparados, antes por jueces corruptos hoy por congresistas ídem. Eso es un gran problema. También que se multa al vehículo y no al conductor, así podría ponerse a esos sinvergüenzas en infocorp.

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