
Por: Silvia Suárez
Estados Unidos juzgando a Trump, porque pagó a una prostituta para que no comentara sobre una relación material. Asimismo, en la suma especulación de quienes los juzgan, lo oculto de ese caso, creen que pudo haber sido una causa que le permitió ganar.
O sea en el país de las siliconas, donde el dinero es tener para ser, donde se engorda como engordan a los pollos en una fábrica, donde los enlatados están cargados de extrema violencia y donde los mismos políticos que lo juzgan -tanto republicanos como demócratas- más el sistema de justicia, están protegidos por un millonario lobby de armas, con el que se mata como a moscas a ciudadanos que caminan libremente por la calle. O sea en el país material y de tipologías sanguinarias quieren enseñarles a sus ciudadanos y sus occidentales, que se puede ganar una batalla política a punta de moralinas y así tapar el sol con un dedo de los profundos problemas que los aquejan.
¿Que más les puedo decir? Tal vez lo que el poeta beat Allen Ginsberg escribió sobre su país
“No no not the end of Civilization.
Only a temporary aberration…
No no it’s not the end of Civilization.
Everybody’s waltzing to ‘the Hesitation”
“No, no es el fin de la civilización,
solo una aberración temporal…
No, no es el fin de la civilización,
todos bailan el vals de ‘La Vacilación'”.





Pues se ha dejado usted la presunción de inocencia del hombre, o 45 cómo le llaman por esos lares. Además la misma mujer Daniels, firmo una declaración (la cual fue hecha pública en enero 2018) de que nunca hubo tal relación. Además, la única “prueba” es el testimonio de un perjuro quien afirma haber entregado el dinero. No cabe duda que es una burda estrategia de sus enemigos políticos para tratar de hundir su candidatura y lo que es peor, el fiscal es una caricatura incapaz de parar la racha de crímenes violentos en Nueva York. Pero para tratar a su enemigo político como criminal le han faltado pies.