
Por: María Ximena Rondón
Cada vez que vemos a un extranjero de visita en el Perú, surgen los prejuicios inmemoriales relacionados a la higiene. Todos nos preguntamos si se bañan y estamos prestos a identificar cualquier pestilencia. Sin embargo, a veces no prestamos atención a nuestras propias joyas, especialmente a un diamante llamado limpieza.
Lamentablemente, en el Perú no hay una cultura de limpieza, orden y pulcritud. Es una carencia que va desde el sistema educativo hasta la familia. Basta con darle una mirada a las calles para darse cuenta o ver cómo las madres de familia no reaccionan cuando sus hijos arrojan los desperdicios de sus snaks en la vía pública. Incluso ellas suelen hacerlo. O quienes arrojan las colillas de los cigarros, las latas de cerveza, las envolturas, etc. Si mencionamos los baños o el transporte público basta con imaginárselo.
Estoy segura de que varios de los lectores han encontrado basura, envolturas y bolsas en las entradas de sus casas o edificios. Al menos, esta autora encuentra estos regalos a diario en su jardín y en la entrada de su casa. Esta situación me llevó a colegir y a reflexionar sobre la falta de una cultura de limpieza a nivel nacional.
Quizás la pandemia haya cuestionado a algunos sobre la importancia de un lavado de manos, la desinfección, el valor de un papel higiénico, etc. Pero la limpieza y los buenos hábitos no son algo exclusivo de una pandemia. Incluso algunos se llenan la boca con la retórica sobre el cuidado del medio ambiente, pero desconocemos si la pulcritud y la limpieza son parte de su vida diaria.
El orden y la limpieza son importantes porque dan paz, dan tranquilidad y dan una estabilidad a la vida cotidiana. El caos y la suciedad generan estrés y otras sensaciones negativas. Por ejemplo: cuando uno va de retiro espiritual, notará que ese lugar está limpio y ordenado. O cuando uno va a un hotel por las vacaciones, notará que el lugar está limpio y ordenado. Todo ello para facilitar la tranquilidad de las personas. Si los peruanos desarrollamos una cultura de limpieza y orden, estoy segura de que nuestra sociedad mejoraría exponencialmente.
Quizás muchos sepan que Japón es una potencia y una de las razones (y una materia digna de elogios) es la cultura de limpieza. En la escuela, los niños aprenden los hábitos del orden y la pulcritud ya que siempre asean su aula después de clases. También la gente tiene la costumbre de no arrojar los desperdicios en las calles y de mantener limpias las entradas de sus casas. Basta con mirar algunos videos en YouTube sobre las calles japonesas para comprobarlo.
Incluso algunos recordarán el ejemplo de los hinchas japoneses cuando limpiaron los espacios que ocuparon en los estadios durante los mundiales en Brasil (2014) y Rusia (2018). Situaciones similares ocurren durante los conciertos. Recientemente fui a los conciertos de Avril Lavinge y Coldplay y tanto la Arena como el Estadio Nacional resultaron un chiquero.
Realmente es decepcionante la falta de limpieza, porque también es una muestra de respeto hacia los demás. Muchos se quejan de la corrupción y la falta de valores de los políticos. Pero quizás nunca han reflexionado sobre sus propios valores, empezando por algo tan simple como la limpieza.
Por otro lado, proponemos e instamos a que las entidades importantes, como el Ministerio de Educación y el Congreso de la República, imiten el ejemplo de Japón e instauren un espacio para que los alumnos limpien sus salones de clase y así aprendan sobre los hábitos de limpieza. Quizás muchos no tengan esos referentes en casa, así que este aprendizaje podría motivar a un cambio en los hogares peruanos y en las futuras generaciones.
No dejemos a un lado la limpieza y que no sea un hábito que quede enterrado con los recuerdos de la pandemia. Si somos limpios, lo seremos siempre.





