Internacional

SE LANZA PANDEMONIUM 3: LA TORMENTA PERFECTA

Hace poco menos de un año, en pleno confinamiento duro y global, se lanzó el fenómeno Pandemónium. En aquel momento era una novedad editorial entre los pensadores que defienden la libertad. Aquellos que daban razones y fundamentos para describir una pandemia más peligrosa y letal que la del COVID19.

Es un compilado de artículos de distribución masiva, “de mano en mano”, de red social en red social. Se trataba de igualar el tablero cultural, darles voz a intelectuales que la cultura de la cancelación y la violencia del pensamiento único persiguen despiadadamente.

Es un libro digital gratuito.  En sus dos ediciones anteriores han superado los 3 millones de descargas:

Pandemónium 1: ¿De la Pandemia al control total?  Trató de los origenes del Covid 19 y las medidas draconianas implantadas en los países que apuntan a un control estatista total y un recorte peligrosísimo de las libertades fundamentales.

Pandemónium 2: La Cura. En plena campaña electoral norteamericana. El progresismo globalista se jugaba mucho en la elección de noviembre de 2020. Finalmente, Trump debió abandonar la presidencia con más dudas que certezas

Pandemónium 3: ha juntado a 17 pensadores de 10 países para analizar lo que está pasando y darnos pistas de hacia dónde debemos mirar si queremos mejorar nuestro futuro.

  • Primera parte: El Gran Reset. Los poderosos nos proponen reformatear el mundo. ¿A dónde nos quieren dirigir? (Villamor, Cuquerella, Soto, Pablo Muñoz)
  • Segunda Parte: Muchos frentes y una misma tormenta. (Laje, Miklos, Mamela)
  • Tercera Parte: La tormenta globalista se siente en cada nación: no es un invento lejano y ajeno. (Mosher, Cortés, Contreras, Vanessa Vallejo, Daniela Carrasco)

 

Para introducir a nuestros lectores en la lectura de Pandemonium 3 les ofrecemos la Introducción al libro escrita por Carlos Beltramo

 

Introducción

La Tormenta Perfecta: un buen análisis siempre genera esperanza

Carlos Beltramo, PhD

Hace poco menos de un año, en pleno confinamiento duro y global, lanzamos este fenómeno que llamamos Pandemónium. En aquel momento era una novedad editorial entre los pensadores que defienden la libertad: un compilado de artículos de distribución masiva, “de mano en mano”, de red social en red social. Simplemente queríamos igualar el tablero cultural, darles voz a intelectuales que la cultura de la cancelación y la violencia del pensamiento único persiguen despiadadamente. No sabíamos que estaba naciendo un fenómeno que ha venido para quedarse.

Y entonces publicamos “Pandemónium2: La Cura”, en plena campaña electoral norteamericana. El progresismo globalista se jugaba mucho en la elección de noviembre de 2020. Finalmente, Trump debió abandonar la presidencia con más dudas que certezas y nosotros quedamos convencidos de que debía haber un Pandemónium3. La historia continúa y hay que seguir dando nuestro punto de vista acerca de lo que pasa en el mundo. Porque la esperanza está en la libre circulación de las ideas.

En el camino lanzamos la página web www.proyecto-pandemonium.org. Pandemónium tiene una casa en la red, un lugar en donde encontrar a todos nuestros colaboradores, sus publicaciones, sus canales de Youtube, sus redes sociales.

Después de más de 12 meses de vivir con el Covid19 hay muchos indicios de que, si no hacemos algo para impedirlo, el mundo se encamina hacia formas de poder nunca antes vistas. Nos lo recuerda muy bien David Thunder en su agudo cuestionamiento de tantos confinamientos draconianos a lo largo de este año, muchos de ellos sin presentar respaldo científico alguno.

Por eso Pandemónium3 ha juntado a 17 pensadores de 10 países para analizar lo que está pasando y darnos pistas de hacia dónde debemos mirar si queremos mejorar nuestro futuro.

El escenario internacional es preocupante. Trump no está en la Casa Blanca y China ya habla de una Segunda Guerra Fría. Es como si Xi Jinping hubiera leído el primer Pandemónium, donde describimos la actual “guerra sin bombas”: un auténtico enfrentamiento de relatos, de narrativas políticas. Una guerra en la que ya no importa la verdad de los hechos sino ser entretenido y emocional. Precisamente de la emocionalidad del discurso nos habla Mamela Fiallio en su artículo, en el que lanza un desafío: el dato no necesariamente mata al relato, hay que ir más allá. Y Alberto García Nahum, experto en comunicación televisiva, nos pone un ejemplo magnífico de cómo se lleva a la práctica hoy en día esta batalla por las mentes y los corazones del gran público televidente, con series como “El cuento de la criada” (The Handmaid’s Tale).

La gran conspiración… ¿ser o no ser?

El mundo sigue siendo un galimatías que nos conduce hacia grandes desafíos. Algunos ven una conspiración detrás de todo lo que está sucediendo: grande y única, con ramificaciones en todas partes y con una asombrosa capacidad de coordinar a todos y convencer a todos.

Otros desacreditan a estos primeros precisamente por promover esa explicación que lo explicaría todo. Y, de paso, sostienen que lo que sucede en el mundo no es más que la historia siguiendo su curso normal. Estos utilizan dos grandes etiquetas para sacar del debate a los que piensan diferente: “conspiranóico” y “negacionista”. Cuando aparecen estas etiquetas es un game over: son insultos elegantes y el fin del debate. Si alguien le dice conspiranóico a otro entonces está eximido de explicar y fundamentar sus puntos de vista. Parece que si tachas a tu oponente de negacionista, entonces estás en el bando correcto de la historia y no hace falta decir nada más. El conspiranóico, obviamente, debe ser apartado de la arena pública, tragarse sus dudas y sumarse al relato oficial, o agonizar a un costado del camino. Agustín Laje en su artículo nos explica de qué manera esta nueva dictadura digital está extendiendo sus tentáculos y cómo su accionar se relaciona con la conservación del poder y la imposición de ideas a la sociedad.

Lo cierto es que nadie puede negar que ha aumentado la polarización: en lugar de debatir, una parte de la humanidad está ejercitando la cancelación sobre la otra. Y “casualmente” siempre son cancelados los mismos: Donald Trump –aun siendo presidente de los Estados Unidos–, Gina Carano –la despedida actriz de The Mandalorian–, LifeSiteNews, Project Veritas, Vox –el partido político español– y un largo etcétera de personajes e instituciones que tienen algunas cosas en común. Francisco Contreras nos hace un repaso del grave daño que esta cultura dictatorial está haciendo en diversos ámbitos de la cultura y la política, llegando a límites realmente de escándalo. Por no ir demasiado lejos, una de las presentaciones de Pandemónium2 fue censurada por Facebook al salir al aire –solo pudimos volver, con un tercio del público original, gracias a la pericia de nuestro equipo técnico para “engañar” a los algoritmos–.

Vale la pena aclarar que en Pandemónium no estamos a favor de esta polarización. Más bien secundamos el llamado del Papa Francisco y, como él, estamos convencidos de que hace falta más fraternidad en el mundo. Y precisamente por eso publicamos esta serie de libros: porque creemos que la verdad expresada con libertad es el mejor camino para superar las barreras y tender verdaderos puentes. Ahí está el artículo de Miguel Brugarolas en el que nos invita a participar, con humildad pero sin complejos, en el debate público, porque fraternidad y verdad siempre deben ir de la mano.

La Tormenta Perfecta… en la política internacional y en nuestra vida cotidiana

Entonces, frente a la duda shakesperiana de “ser o no ser conspiranóicos”, en Pandemónium pensamos que hay una forma original de analizar la realidad. Y para eso vale la pena hablar de lo que en meteorología se conoce como Tormenta Perfecta.

En octubre de 1991 sucedió en las costas del Océano Atlántico de los Estados Unidos un fenómeno muy poco usual y descomunal. Un huracán –el Grace– y un frente cálido se juntaron con un frente frío de alta presión que venía desde Canadá. Cada uno con su propia fuerza, con su lógica específica, pero convergiendo hacia un punto. Chocaron entre sí formando una mega tormenta: la Tormenta Perfecta… sí, la de la película de George Clooney.

La figura expresa muy bien lo que estamos viviendo. Es una confluencia entre fuerzas muy poderosas que se dirigen a un mismo punto. No hace falta que haya una única mente maestra detrás ni que especulemos con acuerdos secretos: está todo a la vista.

Y son varios los frentes que configuran esta Tormenta Perfecta:

  • El Partido Popular Chino, cada vez más recuperado del traspié económico de la pandemia y con cada vez mayor protagonismo político global.
  • Las Big Tech, afianzadas como las mega empresas más poderosas de la historia y con capacidad de controlar cada vez más las vidas de las personas. Miklos Lukacs nos señala la nueva frontera de este control: la internet satelital.
  • La nueva izquierda cultural, asociada con la ideología de género, los movimientos revolucionarios como Antifa, BLM, el Socialismo del S XXI, y el creciente transhumanismo. Vanessa Vallejo hablándonos sobre el supuesto antirracismo de BLM y Daniela Carrasco desmenuzando la acción de la izquierda violenta en el proceso constituyente chileno son ejemplos de este tremendo frente, con vientos huracanados.
  • La ONU y el Foro de Davos, con su visión pragmática de un ser humano sin Dios, totalmente subordinado al servicio del poder económico. Los artículos de Steve Mosher sobre el papel de la OMS en esta pandemia y de Rodrigo Iván Cortés, contándonos cómo funcionarios de la ONU maniobran en México para obligar a aprobar leyes de aborto, sirven como ejemplos de este frente.

Al tomarlos todos juntos tenemos una única tormenta, aunque cada uno de los frentes se haya formado en diferentes puntos cardinales y solo tengan una concordancia pasajera, producto de este momento. Podemos decir que todo este fenómeno es “progresismo globalista”, pero no podemos pensar que se trata de un fenómeno único y pensado por un gran arquitecto todopoderoso. Eso sería darle al proceso en sí un poder que en realidad no tiene.

Como demuestran los artículos de Pandemónium3, no hay que elucubrar nada. Basta con mirar en las páginas web de los actores en juego y ver su evolución en los mercados de valores. Es suficiente repasar sus relaciones públicas, las ONGs que los apoyan, los planes de gobierno que repiten sus consignas, lo que sus líderes dicen en foros internacionales públicos y abiertos. Pablo Muñoz refleja algo de esto en lo que él llama la “revolución identitaria”.

Es un hecho evidente que varias fuerzas están confluyendo, acelerando un proceso. Tienen orígenes e intereses diferentes, pero apuntan en la misma dirección. No hace falta argumentar que existe una gran conspiración: basta entender que es una Tormenta Perfecta que nadie puede ocultar.

Las tormentas se forman cuando en un lugar hay baja presión y el aire tiende a confluir, con violencia, para “llenar” el vacío. Los que hacemos Pandemónium pensamos que la ausencia de Dios, de trascendencia, es el auténtico vacío que gráficamente viene a llenar la Tormenta Perfecta.

La Tormenta Perfecta se apunta a reformatear el mundo

En este contexto de pandemia, y mirando a la post-pandemia “que no termina de llegar”, han surgido dos iniciativas: El Gran Reseteo –que en verdad debería llamarse El Gran Formateo– propuesto por el Foro de Davos y la Agenda 2030 de la ONU. Se supone que son iniciativas de corte económico, hechas por dos equipos de trabajo diferente: uno del ámbito privado empresarial y otro de la esfera “gubernamental”, tomando en cuenta que la ONU es una especie de “club de gobiernos”. Pero como nos lo explican con claridad Javier Villamor, Marcial Cuquerella y Santiago Muzio, ambas propuestas tienen unas pretensiones descomunales.

No es exagerado decir que a quienes promueven este “reseteo” les encantaría modificar de tal manera las relaciones personales y sociales que surgiera una nueva humanidad, como si todo lo anterior no hubiera sido valioso y recién ahora sabemos qué es lo que más nos conviene. Una humanidad sin clase media, sin pequeñas y medianas empresas, sin propiedad privada, con un meta capitalismo –al que llaman eufemísticamente “capitalismo de partes interesadas”– que les daría a los grandes capitales y al Estado la última palabra a la hora de definir lo que la sociedad necesita. Son los demonios de la democracia sobre los que nos alerta Ryszard Legutko en el libro reseñado por Jordi Soley, en una nueva sección de Pandemónium.

Para Klaus Schwab, fundador del Foro de Davos, esas empresas deben convertirse en fideicomisarios de la sociedad, revirtiendo lo ganado en beneficio de la sociedad. Pero claro, sin tomar en cuenta a la sociedad. El gran canto de sirena de este sistema es que al final las personas reales no deciden el rumbo de su vida social: eso es una tarea de los nuevos capitalistas, que, en contrapartida, se comprometen moralmente a “respetar a todos, clientes y empleados, y al medio ambiente”.

Una gran tarea por delante

Pero el Proyecto Pandemónium no nació para quedarse preocupados analizando una realidad en la que no podemos influir. Tal como señala Juan Ángel Soto en su artículo, el campo de batalla más importante hoy en día está en el corazón y la mente de cada uno de nosotros. Cada artículo que compone Pandemónium3 busca no solo quedarse en la denuncia sino trata de concientizar a cada vez más personas.

La Tormenta Perfecta a la que nos enfrentamos tiene poder en la medida en que nosotros se lo damos. Una parte de su energía brota de una corriente de pensamiento que pasa por la dictadura del relativismo, llegando a la dictadura del capricho emocional. Es verdad, mucha gente que nos rodea ha sido formateada en ese modelo. Pero estas ideas son insuficientes, no alcanzan para satisfacer los anhelos de verdadera felicidad.

Por eso no debemos claudicar. Ahora parece que las cosas van a peor, pero eso es solo en la superficie. Mientras haya un grupo de personas conscientes, que luchen por lo que creen, que se formen y se informen, que hagan de la caridad y la misericordia su fuente de vida, sin renunciar a la verdad, el futuro está asegurado. Y estas personas, los lectores de estas líneas, siempre contarán con Pandemónium.

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