Iglesia

MEJOR QUÉDESE EN ROMA, MONSEÑOR

Por: Manuel Castañeda Jiménez

La Iglesia Católica está formada por el conjunto de todos los fieles. La Iglesia Católica no es la jerarquía, ni los sacerdotes ni los religiosos. El aggiornamiento que siguió al Concilio Vaticano II ha querido cambiar el concepto de Iglesia militante por el de “pueblo de Dios en marcha”, desvaneciendo en la mente de los católicos la idea de que existe una lucha permanente entre el bien y el mal; como si de lo que se tratara la vida fuera de marchar despreocupadamente en medio de cánticos y flores hacia el Cielo; como si la vida no exigiera sacrificios, no exigiera sobreponerse a las propias pasiones para procurar practicar la virtud; como si este mundo no fuera un “valle de lágrimas” que exige sacrificio y cargar la cruz que a cada quien toca. Del mismo modo el Santo Sacrificio de la Misa ha ido siendo transformado en “la Cena del Señor”, privando también al lenguaje eclesial de la idea de sacrificio. De este modo, el sacrificio de Cristo acaba resultando un absurdo, una tragedia sin sentido. La abstinencia, sobre todo la del pecado, carecen de razón de ser, y las oraciones y sacrificios de los santos no son más que costumbres de época que hoy resultan demenciales y que el mundo “civilizado” ha conseguido descartar por innecesarias y hasta torpes según los conceptos “modernos”.

Durante su historia milenaria, la Santa Iglesia ha atravesado épocas realmente terribles, y la actual no es la excepción. Empezando por la era de las persecuciones, que no han terminado, pues sacerdotes, religiosos, religiosas, y católicos son perseguidos en muchas partes del mundo; cuando no amenazando su vida o acabando con ella, a través de la amenaza sicológica, la burla, el menoscabo y otras muchas formas sutiles o descaradas. Hoy vemos que en muchas partes, turbas desatadas hasta queman iglesias o asesinan a sacerdotes mientras celebran en el altar. Pero también en tiempos posteriores a la era de los mártires sobrevino el conflicto de las imágenes con la iglesia griega, y más tarde el cisma de oriente que produjo una herida gigantesca que no tiene cuándo cerrase. Múltiples herejías nacidas la mayoría de parte de miembros del clero, fueron amenazando a través de los siglos la unidad de la Iglesia, que se vio en la necesidad de condenarlas. Simoníacos, arrianos, nestorianos, donatistas, montanistas, albigenses, luteranos, anglicanos, presbiterianos, jansenistas, cristianos viejos, modernistas y muchos más, fueron movimientos disociadores que cual latigazos sobre el cuerpo de la Iglesia le han infligido heridas tremendas, tanto como el cuerpo del mismo Jesús fue desgarrado por la furia pagana de los soldados que lo flagelaron.

Monseñor Carlos Castillo, arzobispo de Lima ha venido teniendo un desempeño bastante lamentable y poniéndose al borde de una autoexclusión de la Iglesia. Su evidente inclinación hacia una posición política de izquierda y una posición religiosa paralela infectada de teología de la liberación, lo ha llevado a intervenciones no solamente desafortunadas como las recientes que ha dado en Roma y que son de público conocimiento, sino abiertamente contrarias al modo de ser católico. El arzobispo ha minimizado la adoración al Santísimo Sacramento, cometido exabruptos y realizado nombramientos del todo cuestionables en el arzobispado (véase “El Arzobispo Rojo de Lima” y “Comunistas al frente de la Iglesia Peruana” en La Abeja). Tales posiciones conducen, necesariamente a generar una desconfianza de parte de los católicos hacia quien figura como su pastor, pues lo dicho indica que tal pastor no estaría conduciendo hacia el cielo a las almas de los que le fueron confiados, sino hacia el infierno comunista. Y, por tanto, cualquier cosa que en lo sucesivo diga el arzobispo, generará a su vez desconfianza respecto de sus intenciones; así repita extractos de la Suma Teológica de Santo Tomás o nos lea desde el púlpito las Glorias de María de San Alfonso María de Ligorio, ya los fieles católicos limeños, con justa razón, se preguntarán si detrás de palabras tan bellas no habría solamente una estrategia del arzobispo de congraciarse con su grey para en un futuro cercano o mediano, hacer un nuevo viraje y buscar inducirlo hacia la aceptación de posiciones izquierdistas en política o progresistas en religión. El arzobispo, pues, tal como se dice comúnmente en nuestro medio está “quemado” por su propia mano, o sus propios dichos.

Quien piense que afirmar tales cosas no genera un profundo dolor en el alma, se equivoca palmariamente. Monseñor Castillo es un sacerdote que recibió las sagradas órdenes y sus manos son aptas para producir en cada misa que celebre, el milagro de la transubstanciación por el cual Cristo cumple su promesa de permanecer por siempre con los suyos. Nada sería más digno de celebración en estos tiempos tristes para el mundo, que un hijo de la Iglesia, un hermano en el Señor, enmiende sus rumbos, hacia los cuales, además, amenaza con conducir a otros en razón de su cargo. ¡Cuánto nos alegraría ver a Monseñor Castillo convertido en otro San Ambrosio, San Atanasio, San Remigio, San John Fisher! Esperamos y deseamos que así sea, y pedimos a Dios por las manos inmaculadas de la Santísima Virgen que le otorgue las gracias necesarias para que ello se dé.

Pero, mientras tanto, a la vista de su desempeño nada conveniente, y ya que se encuentra en Roma, lo mejor es que se quede por allá, y que aproveche de buscar inspiración y visitar la tumba de San Pedro, el Santo Pesebre de Jesús, subir de rodillas la Escala Santa, rezar ante los túmulos de Santa Helena, San Juan Pablo II, San Juan XXIII, San Josemaría Escrivá de Balaguer, San Pío V y tantas otras maravillas que alberga la Ciudad Eterna.

Mejor quédese en Roma, Monseñor, … y aproveche de invitar al Cardenal Barreto.

 

 

 

3 Comentarios

  1. Dad al César lo que es del César, mientras el César tenga más para recaudar podrá distribuir más bienestar. Una distorsión pobrista del mensaje de Jesús que consiste en quitar al rico solo funciona una vez. Luego todos somos iguales, pero iguales en el hambre y la desgracia, sin hospitales o escuelas públicas de calidad pues no hay impuestos que es lo que aportan las personas que producen mas, y que por eso son ricos. La cabeza de la iglesia peruana debe acercarse más a Rawls y por ende alejarse de Necháyev. El Dios de Jesús es de bienaventuranza no es un Dios donde la gente escarba por comida en la basura como en Cuba, Venezuela, Managua…

  2. En vez de amainar el fuego lo incentivan mas con posiciones controversiales y alejadas de la iglesia que predicaba San Pablo. Lo mas lamentable que activistas de una orientación alejada toralmente de la iglesia. Como se le extraña a Cipriani que llamaba las cosas con su nombre y no estos falsas posturas de liberación extremista. Acusa de corrupción pero solo de un lado. Que se vayan ellos no representan a la iglesia sino a los pedófilos enquistados en ella.

  3. Para los entendidos sobre esta crisis universal de la Iglesia , no es mera superficialidad de los sucesos que acompañan y del cual los estamos sintiendo hasta lo más profundo de nuestro ser y perplejidad ante la impotencia por el cual no podemos hacer nada para bloquearlo o subsanarlo de parte de nosotros los fieles , ya que la que ha generado esta nefasta situación apocalíptica es de culpa de un Clero prevaricador y de claro blasfemo con los acontecimientos apostático de la mayoría de estos hombres de Iglesia presente en el último Concilio demoledor de la verdadera fe. De allí arranca todo este proceso de decadencia de la civilización cristiana tanto en términos religiosos como políticos de la sociedad posmoderna.

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