
Por: María Ximena Rondón
Los ecos de la denuncia contra el tráfico de menores que presenta la película Sound of Freedom resuenan con mayor intensidad.
Esta semana, el politólogo Agustín Laje publicó en su canal de YouTube una entrevista realizada al productor del filme, Eduardo Verástegui, en el que desarrollaron una comparación interesante y que nos interesa recoger para desarrollarla aquí.
Quizás algunos saben y otros no, que Sound of Freedom ha sido criticada por varios medios internacionales como The Guardian, The Huffington Post, la revista Rolling Stone y The Washington Post, quienes señalan que se trata de un QAnon y que el actor principal Jim Caviezel es un promotor del QAnon que representa el tráfico sexual de menores.
Quienes se pregunten qué es un QAnon, este término se utiliza para referirse a las teorías de la conspiración y a los “conspiranóicos”.
Estos intentos por presentar un framing (teoría del encuadre) de que esta película es conspiranoica, cuestionan la legitimidad de la información brindada sobre la problemática que desarrolla y por desacreditarla resultan totalmente inauditos. Tal como dijo Laje en su entrevista (la cual recomendamos ver), aquí también repetimos la opinión de que es totalmente ilógico que la prensa critique a quienes buscan denunciar una realidad tan monstruosa como lo es el tráfico sexual de niños y, por otro lado, defiendan a una película que como Cuties, la que sexualiza a menores de edad. Quienes no la han visto, se trata de una niña de origen africano que desea unirse a un grupo para realizar un baile sensual como forma de liberarse de su familia religiosa. Basta con ver la portada para escandalizarse ante la vestimenta sexual que utilizan esas menores de edad.
Sin embargo, quienes no parecen escandalizados y defienden este filme son los mismos detractores de Sound of Freedom. Esta insana apología a Cuties parece una defensa de la pedofilia, porque no hay garantía de que solamente personas con buen corazón, moralidad e intenciones vean esa película. Hay que ser muy ilusos si creemos que realmente se trata de un intento de liberación y empoderamiento de una niña africana. Los movimientos que ejecuta en su baile son sexuales y pueden provocar la excitación. Incluso los corazones “más puros y libres” corren peligro corromperse con ello.
Afirmamos que defender ese film es realmente un acto enfermo y depravado en todo sentido.
Si quieren pruebas, el mismo The Washington Post publicó un artículo de opinión que hacía apología a Cuties, escrito por la directora y escritora de la película, titulado
The Guardian también difundió un artículo titulado “Cuties review – Netflix’s controversial child exploitation film is bold, flawed – and misunderstood”. Quizás seamos muy retrógradas para entender cómo las críticas a la sexualización de menores en esa película pueden ser un malentendido de los pobres dinosaurios conservadores.
Rolling Stone también realizó una publicación que bajo el título “‘Cuties’ Review: A Coming-of-Age Movie Caught in the Culture Wars” defiende el filme señalando que este es “un retrato sensible de los dolores crecientes que merecen ser vistos”.
Por otro lado, es importante señalar que Eduardo Verástegui contó en la entrevista con Agustín Laje que Netflix y Disney se negaron a difundir Sound of Freedom. Dejaremos que ustedes, estimados lectores, puedan hacer el juicio de valor y moralidad después de todo lo que expusimos.
La prensa puede negarlo un millón de veces, pero jamás serán dueños de la verdad: que por un lado defienden una película que hace apología a la pedofilia y a la sexualización de menores y por el otro critican a otra película que denuncia el tráfico de niños, y que está basada en un caso real.
Aunque el mundo se haga de la vista gorda, según las últimas cifras del Centro Nacional de Información Criminal (NCIC) del FBI, en el año 2020 se reportaron más de 365 mil niños desaparecidos y que durante los últimos 36 años, la línea gratuita para casos de pérdidas y desapariciones del NCIC ha recibido más de 5 millones de llamadas.
Pero, solo se trata de QAnon y de los delirios de los conservadores. Sería cruel pensar en descalificar una realidad tan cruda como el tráfico de menores, quienes también son víctimas de la pedofilia.
Esta es una realidad muy cruda. No solo por el sufrimiento de esas caritativas inocentes, sino por los intentos de ocultarla y desacreditar a quienes denuncian este drama humano. Sí, es algo muy cruel.
Por eso, tenemos que ir a ver Sound of Freedom, la cual se estrena en Latinoamérica el 31 de agosto, y difundirla. Si hacemos silencio y dejamos que la critiquen, estaremos siendo cómplices del tráfico de mejores. Quedará en nuestras consciencias.






Qué se puede esperar del “Washington Compost” ellos son a no dudarlo, parte de la mafia y no quieren perder “ventas” y de seguro aprueban la pedofilia como lo hizo en la década de los 70 del siglo pasado, el ídolo de muchos izquierdistas de salón Michel Foucault.