Cultura

NO SOPORTARÁN LA SANA DOCTRINA (Parte I)

Actualidad del mensaje paulino

Por: Tomás González Pondal

“Nosotros pecadores te rogamos que te dignes abatir a
los enemigos de la santa Iglesia” (Letanías de todos los
Santos).

“Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria de
Dios y de la honra de Jesucristo. Pelead, hijos de la luz,
vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el
tiempo de los tiempos, el fin de los fines” (Aparición de
María Santísima en La Salette).

INTRODUCCIÓN

Este opúsculo tiene por finalidad manifestar cuán imprescindible es conocer y amar la doctrina católica, única que en verdad puede recibir el calificativo de ‘sana’. Dicho conocimiento y amor se tornan imperiosos en estos tiempos, en donde las oscuridades y tenebrosas tinieblas que se alzan contra la referida doctrina provienen desde el interior mismo de la Iglesia y por culpa de hombres de iglesia que, por diversas razones, parecen querer ver su ruina.

Pienso -desde lo más hondo de mi espíritu- que la célebre advertencia paulina que profetizó tiempos en donde ya no se soportaría la sana doctrina, hace rato se desarrolla ante nuestros ojos con evidencia meridiana. De ahí que este librito tenga por subtítulo la aclaración: “Actualidad del mensaje paulino”.

En el trabajo que el lector tiene en sus manos se harán desfilar once cuestiones siguiendo el método de Santo Tomás de Aquino.
Esas once cuestiones son: 1. Si existe la sana doctrina; 2. Si muchas doctrinas son sanas; 3. Si la sana doctrina es la doctrina católica; 4. Si hay un deber consistente en conocer la sana doctrina; 5.
Si la sana doctrina es necesaria para alcanzar la salvación; 6. Si hay quienes detestan la sana doctrina; 7. Se el odio a la sana doctrina tiene relación a los últimos tiempos; 8. Si el modernismo es la herejía que máximamente se opone a la sana doctrina; 9. Si debemos despreciar las falsas doctrinas; 10. Si urge volver a estudiar a santo Tomás de Aquino; 11. Si la Santísima Virgen María aborrece a las falsas doctrinas.

¿Y cuál es el método tomista? Trata de una exposición consistente en cuatro pasos: 1. Se presentan objeciones como si dichas objeciones estuvieran en lo cierto; 2. Se da a conocer una afirmación taxativa y verdadera, que es contraria a las objeciones y que por sí misma ya adelanta lo errado de las objeciones 3. Se da una respuesta algo más elaborada, algo más acabada, que de algún modo desarrolla la afirmación taxativa que siguió a las objeciones 4. Se da una respuesta a cada una de las objeciones planteadas intentando mostrar porqué estaban erradas.

La advertencia paulina sobre los malos tiempos se presenta para el católico como un aviso concreto y sin ambages para que se vuelva más y más amante de la sana doctrina; como diciendo: “cuando veas aquellos tiempos aciagos y de repudio del buen alimento, tú, si quieres continuar por el buen camino, permanece anclado a lo contrario, ama la buena doctrina”. Tan complejos y amaños se han tornados los días actuales, que hasta altos jerarcas, como si nadie tuviera ojos para ver, se presentan como unidos a la Tradición siendo que a renglón seguido se los ve
actuando, diciendo y escribiendo, unidísimos al más abyecto modernismo. Tales hombres han despreciado el Santo Sacrificio de la Misa, y su efecto más repulsivo se da cuando vemos por todos lados, muy vivita y festiva, la nefasta comunión en la mano modernista, practicada con deleite por cantidad de obispos y sacerdotes, quienes, no solo la practican, sino que la proponen y hasta incluso la imponen. Lo anterior es solo una prueba, gravísima y de consecuencias inimaginables, de la extensión fatal y mundial a la que ha llegado la podredumbre del movimiento herético modernista.

Expresamos con el valiente y eximio apologeta católico, Cardenal Pie: “No cometamos el crimen de obedecer a las fantasías, incluso a las solicitaciones del enfermo (…). Conjuremos con las manos juntas, si fuere necesario, a los oráculos de la doctrina, para que no tengan nunca la debilidad de prestarse a ninguna complacencia, a ninguna reticencia; conjurémoslos a decirnos en adelante ‘toda la verdad’ (Jo 16, 13), la verdad que salva a los individuos y la verdad que salva a las naciones. La condescendencia sería en adelante la consumación de nuestra ruina” (El orden sobrenatural, ed. Iction, Buenos Aires, 1981, p. 149).

¿EXISTE LA SANA DOCTRINA?

 

OBJECIONES por la que parece que no existe una sana doctrina:

1. En el salmo 116, 11, se lee: “Todo hombre es mentira”. Si eso es así, se sigue que lo que emane de su pensamiento no merece confianza. Luego, no puede haber una sana doctrina.
2. La modernidad ha probado por varios caminos el poder de la subjetividad, al punto que, incluso, hay un vivir inmerso en la virtualidad. Entonces lo real es más bien el mundo de lo subjetivo,
ámbito donde la inteligencia se mueve y se desarrolla. Ahora bien, lo subjetivo crea lo que quiere, por tanto, mal puede hablarse de  una sana doctrina allí donde reina lo infinito.
CONTRA ESTO está lo que dice San Pablo: “Tú empero enseña lo que es conforme a la sana doctrina” (Tito 2,1).

RESPONDO: Cuando hablamos de sana doctrina hacemos referencia a la doctrina sagrada venida del Espíritu Santo y no del hombre. De ahí que solo a ella le pertenezca con toda verdad la calificación de ‘sana’. Si bien se usa la expresión ‘sana doctrina’ en singular, lo cierto es que la misma se compone de un conjunto de nociones sobre variadas temáticas teológicas, todas doctrina sanísimas.

A LAS OBJECIONES:

1. Como quedó expuesto en la respuesta, al hablar de sana doctrina aludimos a aquella que procede de Dios; y como Dios no puede engañarse ni engañarnos y en Él todo es bueno, como Él es la
fuente de la doctrina se sigue que con toda justeza se la califique de sana. Ciertamente se ha dado por parte de la Iglesia y de varones doctísimos, probos y santos, una profundización de la
doctrina consabida, mas esa cuota humana de intervención se guarda muy bien de expresar cosas distintas a las venidas de lo alto. En cuanto el hombre pergeña cosas que no están en el
Depósito Revelado, aparecen los herejes y sus herejías, los sectarios y sus sectas, lo fabuladores y amantes de las novedades.

2. Nadie niega el campo de lo subjetivo, pero tampoco puede negarse el ámbito de lo objetivo y el proceso sano de conocimiento. La inteligencia no es una facultad encerrada en sí misma sin poder
de conexión con el mundo extrasubjetivo. En la mente humana se da aquello que los lógicos determinaron como las tres operaciones del espíritu, a saber, la simple aprehensión, el juicio
y el razonamiento, operaciones que ayudan a comprender cómo es que desde el choque entre la mente y el ente real se van dando los conceptos, las enunciaciones y los razonamientos. Es en la
segunda operación del espíritu, esto es, en el juicio, que nos topamos con el tema de la verdad, y a la verdad lógica se la ha definido como la ‘adecuación de la inteligencia a la cosa’. De modo
que hay algo sano identificado con la verdad, lo cual, lo repito, implica que es la mente la que se adapta a la cosa, y hay algo no sano, que deforma, y que se da cuando se pretende contra el
proceso natural de conocimiento que sean las cosas las que se adecuen a lo que uno piensa. Alguien puede antojadamente pensar que el Sol gira alrededor de la Tierra, pero no porque
piense eso el Sol le obedecerá; no es el Sol el que debe adecuarse a su mente, es su mente la que, para estar en lo recto, debe adecuarse a la realidad; alguien puede pensar que lo que crece
bajo tierra es la copa y lo que crece hacia el cielo son las raíces, pero no porque piense eso las copas y las raíces le obedecerán; por más que piense eso lo que crecerá bajo tierra serán las raíces
y lo que irá siempre hacia el cielo serán las copas; la realidad seguirá siendo la misma y no cambiará por más que así se lo pretenda en el encierro subjetivo. Lo sano es entonces lo que se
ajusta a la verdad y de eso nacerá una sana doctrina, y lo no sano, lo que no se ajusta a la verdad, conducirá a lo que es una falsa doctrina.

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