
Por: Carlos Polo
Population Research Institute ya no usará más el término América Latina y desde ahora será la oficina del PRI para IBEROAMÉRICA para adecuarla mejor a su realidad y a la historia. Junto a un grupo de colegas, tengo el honor de servir a quienes compartimos la singularísima cultura mestiza de raíces católicas que históricamente se originó en la región que va desde Tierra del Fuego en Chile y Argentina por el sur y por el norte hasta el río Bravo en la frontera México-estadounidense.
En la excelente entrevista a la Dra. María Saavedra del canal digital Alto y Claro, la historiadora española señala: “Si nos aferramos simple y estrictamente a la historia… el término más correcto es Hispanoamérica porque es precisamente la América que habla en español. Si incluimos a Brasil, entonces nos tenemos que referir a Iberoamérica”. Explica además que se inventó el término ´América Latina´ o de ´Latinoamérica´ en el siglo XIX durante los primeros años de la república. Atribuye su difusión al chileno Francisco Bilbao en un libro publicado en 1856. Sin embargo, Bilbao habría recogido la influencia francesa de Michel Chevalier (1836) quien utilizó el término “América Latina” por primera vez y que fue seguido por Benjamín Poucel (1850). Estos autores franceses pretendían dar sustento a los intereses de su país para controlar la región ante el expansivo crecimiento económico y político de Estados Unidos.
Actualmente, la denominación “América Latina” responde a otros intereses políticos igualmente colonialistas, pero de tipo ideológico. Grupos de izquierda internacionalmente ha desarrollado una propaganda política adversa a cualquier rasgo de herencia española y los valores católicos que aportó a la cultura. Siguendo la receta gramsciana, han inoculado en la población un sentimiento antihispano en colegios, universidades, medios de comunicación, cine, teatro y otras expresiones culturales.
Hasta hace unas décadas la mayoría se refería a España como la Madre Patria, sentimiento muy singular para quienes han sido conquistados. Hoy esa expresión se ha vuelto políticamente incorrecta. Por el contrario, se ha impuesto un relato político antihistórico, maniqueo y grosero, donde todos los españoles son villanos y los recientemente llamados “pueblos originarios” son sacralizados en extremo.
En esa “historia” de “América Latina”, los españoles son solo una odiosa imposición. Solo se cuenta que los conquistadores eran unos viciosos que mataron, violaron y robaron a unos seres cuasi angélicos que vivían en una paradisíaca cultura de la solidaridad, la justicia, la paz y la plena armonía ecológica. Lo ridículo es que lo cuentan personas con nombres y apellidos bien castizos y en idioma castellano, salvo algunas muy pocas excepciones que casi siempre lindan en la publicidad política izquierdista.
Es cierto que hubo actos de violencia y criminales en los conquistadores. Lo que no es cierto es que todo fue maldad y no hubo nada bueno. Por el contrario, Ia reina Isabel I de Castilla escribió 16 órdenes en las que se otorgaba a los indios la condición de ciudadanos del imperio (algo mucho más radical que el “welcome refugees”) y obligaba a los conquistadores a tratarlos con cariño y no hacerles ningún daño. A su vez ordenó a las autoridades virreinales a castigar a los responsables de estos crímenes con severidad.
Estos “historiadores” de izquierda no son capaces de reconocer que ahora pueden expresarse libremente y ser escuchados gracias a los principios religiosos y al gradual desarrollo de sistemas jurídicos y políticos traídos por los españoles a estas tierras. Gobernantes aztecas o incas hubiesen tenido un trato nada democrático ni inclusivo ni solidario con aquellos que cuestionaban, aunque sea mínimamente su poder político, económico y religioso absolutos. Simplemente mataban a esos disidentes sin ningún juicio de por medio, para no hablar de los sacrificios humanos, incluido los de niños. Tampoco reparan de los beneficios cotidianos tanto tecnológicos como científicos y hasta culinarios que provienen de la herencia católica española. Ni santos, ni universidades, ni el pan de trigo o el aceite de oliva.
Para estos neo indigenistas del siglo XXI la verdadera independencia actualmente consiste en borrar a España, desaparecerla ya no solo en el nombre sino borrarla totalmente del mapa. De allí que las recientes manifestaciones de grupos de izquierda radical en Estados Unidos, México y Chile entre otros, derriben estatuas de Cristóbal Colón, los Reyes Católicos o San Junípero Serra.
En Population Research Institute queremos eliminar todo vínculo con esta manipulación política y tergiversación de la historia.
La oficina del Population Research Institute para Iberoamérica lleva dos décadas de desarrollar herramientas de participación ciudadana para potenciar organizaciones afines a la construcción de la Cultura de la Vida. Ha ofrecido consultorías y sesiones de entrenamiento para más 3,500 activistas de más de un centenar de organizaciones en 18 países.




