Internacional

¿CHINA VERSUS CHINA?  

Origen y perspectivas de los vientos de guerra en el estrecho de Formosa

Por: Gianfranco Sangalli

Exordio.

El Mundo está asistiendo a un sostenido in crescendo en la tensión política y militar en el Sudeste de Asia; es el resultado de dos intereses geopolíticos divergentes e irreconciliables: el del desafío estratégico del régimen del Partido Comunista Chino (en adelante PCCH) a la hegemonía regional de los EE.UU., envalentonado por su espectacular crecimiento económico y militar, y el de la exigencia vital de su contención por parte de los Estados Unidos de América y sus aliados, en aras de la preservación de la hegemonía mundial americana -que en ultima ratio depende de su capacidad para mantener abiertas o bloquear las vías de navegación internacional- y en aras, también, de contener la proyección regional del modelo político de dicho régimen, que ha perfeccionado mecanismos de control social totalitario únicos en la historia del mundo.

Dentro del marco general de esta confrontación, el motivo de fricción más inmediato, y potencial punto de quiebre de la paz internacional, es el generado en el Estrecho de Formosa (o de Taiwán, como cada vez más se le denomina) por la agresividad del régimen del PCCH, que controla el territorio continental de China, manifestada por todos los medios a su disposición (políticos, diplomáticos y militares) hacia esa parte del territorio del antiguo Imperio del Centro donde la rebelión comunista nunca pudo hacerse con el poder; es decir, contra la isla de Formosa o Taiwán y sus dependencias, vale decir contra la República de China (en adelante ROC) donde subsiste la autoridad efectiva de la Constitución china de 1947, garantía de la libertad para la continuidad de los valores culturales tradicionales chinos.

En efecto, la empecinada y unilateral pretensión del régimen del PCCH de apoderarse por la fuerza de la isla de Taiwán presagia, en un horizonte temporal muy cercano, un conflicto bélico de proporciones y alcances no vistos por la Humanidad desde la última guerra mundial. En el presente, necesariamente no breve, artículo intentaremos explicar de dónde viene y -a la vista de las cartas en juego- cómo evolucionará esta situación.

Antecedentes.

En la narrativa corriente, se afirma que la Guerra Civil China concluyó el 8 de diciembre de 1949 con el traslado a la isla de Formosa del gobierno nacionalista chino y de las unidades del Ejército Nacional aún bajo su directo y efectivo control. Esta es una aseveración inexacta, puesto que en ningún momento medió una rendición ni disolución de dicho gobierno ni una capitulación de la totalidad de las Fuerzas Armadas nacionales (de hecho, la Marina de Guerra siguió en su integridad acatando al gobierno legítimo) ante la autoproclamada, el 1 de octubre de 1949, República Popular China. Muy por el contrario, la confrontación militar activa se prolongó, con alterna fortuna, en diferentes escalas y escenarios, durante tres décadas, y la ausencia de intercambio de fuego que se vive desde 1979 no es más que una tregua armada de una guerra civil formalmente nunca concluida; veámoslo.

Sin soslayar el hecho de que casi todas las acciones de resistencia armada a la insurgencia comunista china o de intentos de recuperación de terreno en China Continental por parte de los ejércitos nacionalistas chinos, eran funcionales a la estrategia global de contención del Comunismo por los estadounidenses -y que tarde o temprano contarían con algún tipo y grado de soporte logístico de estos- sobre todo al principio se debieron a la lealtad que jefes militares y de milicias irregulares guardaron, en la adversidad, al gobierno nacionalista del Generalissimo Chiang Kai-shek, presidente de China.

Tal fue el caso en Sinkiang del jefe Uigur y general del ejército nacionalista chino Yulbars Khan, comandante de la caballería Hui (musulmana china) y de tropa rusa blanca, que decidió tomar la ciudad de Yiwu el 29 de marzo de 1950 para convertirla en una base guerrillera para seguir luchando contra los comunistas (que se habían hecho con el control de la región por defección a los comunistas del comandante militar nacionalista y del delegado político del gobierno nacionalista en aquella región) hasta el eventual regreso de Chiang Kai-shek a suelo continental; se retiró a Taiwán al ser superado por los comunistas. También fue el caso del caudillo kazaco  Osman Batur’s Kazak que juró lealtad al gobierno de Taipei y siguió combatiendo a los comunistas con sus 4.000 guerrilleros hasta los primeros meses de 1951, en que fue atrapado en el este de Sinkiang y ejecutado.

Aparte de la descrita resistencia anticomunista en Sinkiang, unos 14.000 efectivos musulmanes del ejército nacional de la República de China combatieron la usurpación comunista en el Noroeste de China, atendiendo al llamado a la lucha del general Ma Bufang del 9 de enero de 1950, realizado desde su refugio de El Cairo, Egipto. Así se emprendieron revueltas y acciones de guerrilla; el presidente Chiang Kai-shek los socorrió abasteciéndolos de suministros y armas desde el aire (con soporte de Inteligencia americana). Las fuerzas nacionalistas operaron en las provincias de Gansu (1950-1954), Tsinghai (Amdo tibetano) y Ninghsia entre 1950 y 1958.

Aún más duradero en el tiempo fue el caso del 13° Ejército nacionalista de la provincia de Yunnan, comandado por el célebre teniente general Li Mi, que tras la instauración del régimen del PCCH retiró sus fuerzas al norte de Thailandia y de Birmania, donde incorporó unidades allí rezagadas desde la Segunda Guerra Mundial y refugiados de Yunnan y constituyó el “Ejército de Salvación Nacional Anticomunista de Yunnan”, también conocido como 93° División o “Ejército Perdido”. Li y los 20.000 efectivos de su división intentaron recuperar Yunnan en mayo y julio de 1951 y, luego, en agosto de 1952; liberaron Kengma, un aeródromo, cuatro condados en total, pero -a pesar del apoyo oficial del gobierno de Taipei y el discreto de la CIA- no se pudo consolidar la línea logística y, al final, tuvieron que replegarse a sus bases al otro lado de la frontera.

La presencia de las fuerzas nacionalistas chinas en su territorio, y la imposibilidad práctica de desalojarlos, llevó al gobierno birmano a quejarse ante las Naciones Unidas; ante esto y el temor americano a una invasión comunista china de Birmania, Washington presionó al presidente Chiang Kai-shek y para finales de 1954 el general Li y casi 6.000 de sus soldados fueron evacuados a Taiwán, si bien “…muchos más soldados decidieron quedarse. 7.000 soldados permanecieron atrincherados alrededor de la frontera entre Birmania y Laos, mientras que varios miles más permanecieron en Tailandia” (donde consiguieron estatus de refugiados, pero en la práctica siguieron siendo una fuerza combatiente que se reveló preciosa para el gobierno tailandés, entre 1961 y 1981, para derrotar la insurgencia comunista); las tropas nacionalistas estacionadas en Birmania se retiraron solo en 1961 tras ser forzadas a ello por el ejército comunista chino, que pasó la frontera con permiso birmano.

No obstante esa retirada, en 1961 la Oficina de Inteligencia del Ministerio de Defensa Nacional de la ROC en Taiwán empleó al mayor general Ma Chün-kuo, un musulmán de Yunnan, para operar en el triángulo entre Birmania, Laos y Tailandia, donde seguían presentes miles de efectivos leales a la ROC. Las fuerzas del general Ma Chün-kuo llevaron a cabo su primer asalto guerrillero en Yunnan en abril de 1963, y varios ataques menores continuaron en los años siguientes.

Probablemente alentado por el la clamorosa derrota militar del régimen del PCCH ante las fuerzas aéreas y navales de la ROC -equipadas y asistidas por los EE.UU.- en la llamada “Segunda Crisis del Estrecho de Formosa” (entre agosto y septiembre de 1958), por el gran descontento entre la población de China continental a causa de la hambruna causada por el programa llamado “Gran Salto Adelante” implementado por Mao Tse-tung, así como por la ruptura entre los comunistas chinos y los rusos, también en 1961, el presidente Chiang Kai-shek ordenó al Ministerio de Defensa de la ROC la ultrasecreta preparación del “Proyecto Gloria Nacional” con el objetivo de lanzar una operación militar a gran escala para la liberación del territorio continental chino de manos comunistas. El proyecto fue abandonado en 1972, a raíz de la pérdida del reconocimiento diplomático de la ROC por la ONU.

En todo caso, el estado de guerra civil “caliente” continuó hasta finales de 1978 con intercambio de fuego de artillería en días alternos, pares e impares y a las mismas horas (acuerdo implícito que evitó pérdidas humanas) contra bases militares y postaciones de artillería, entre el litoral de tierra firme de la provincia de Fukian, controlado por el régimen del PCCH y las adyacentes islas de Quemoy y Matsu, de la provincia de Fukian controladas por la ROC.

Dos momentos álgidos de esta continuación de la guerra civil fueron los fracasados intentos de invasión comunista protagonizados en la Primera (1954-55) y Segunda (1958) Crisis del Estrecho de Formosa, ambas de resultado netamente favorable a la ROC (en la Segunda, durante los 44 días que duró la batalla, la ROC destruyó 131 piezas de artillería, 67 posiciones de artillería, 118 puestos de observación, depósitos de municiones y aproximadamente 80 camiones y buques de los comunistas). Además, la ROC, gracias a su superioridad aero-naval, estableció la política de bloqueo de puertos del litoral chino continental (“Política de Guanbi”) a partir del 26 de junio de 1949 desde el río Liao hasta el área del río Min a partir del 26 de junio, y amplió el área de aplicación más hacia el suroeste para incluir la provincia de Kwangtung en febrero de 1950. La ROC también decretó el 12 de julio de 1962 un bloqueo total del tráfico naval en el Estrecho de Formosa (que dio lugar a la captura de decenas de buques extranjeros, incluido el notorio caso del petrolero soviético Tuapse), el mismo que solo sería levantado el 12 de septiembre de 1979; y en fecha tan reciente como el 15 de enero de 1992 recién se derogó el Reglamento que desde el 16 de agosto de 1950 prohibía las actividades de los buques nacionales, la tripulación y las empresas propietarias en China Continental.

Desde del reconocimiento diplomático americano del régimen del PCCH en 1979 se vivió en el Estrecho de Formosa una tregua de facto en la Guerra Civil China. Luego, con el inicio de los años ’90 ha habido periodos de menor tensión (coincidentes, no por casualidad, con gobiernos del Kuomingtang o partido nacionalista chino en la ROC) y de mayor tensión (coincidentes, tampoco por casualidad, con gobierno pro-independencia en la ROC). Durante los de menor tensión se puso en marcha un dialogo semi-oficial entre Taipei y Pekín que fomentó lo que se ha venido en llamar “Relaciones a través del Estrecho”:  intercambios comerciales, culturales y turísticos, e incluso políticos, con su zenit en el encuentro de 2015 en Singapur entre los presidentes Ma Ying-jeou (ROC) y Xi Jinping (régimen del PCCH); todo pivoteando sobre la aceptación por ambas partes del “Principio de Una Sola China”, aunque cada parte expresa una interpretación diferente de lo que esto significa.

De otro lado, en cambio, durante los periodos de mayor tensión el diálogo ha cedido el paso a distintos grados de confrontación, como el que condujo a la “Tercera Crisis del Estrecho de Taiwán” (21 Julio de 1995 al 23 de marzo de 1996) en la que el régimen del PCCH lanzó misiles en las aguas que rodean Taiwán primero para presionar al gobierno de la ROC que se apartaba del principio “Una Sola China” en la interpretación pekinesa y, en un segundo momento, para disuadir al electorado en Taiwán de votar por el candidato independentista en las elecciones presidenciales de 1996 (quien, a pesar de la intimidación comunista, ganó la elección). En ese contexto de altísima tensión y amenaza a la libertad de la ROC (Pekín anunció un simulacro de invasión) resultó muy relevante la reacción de los EE.UU., que por orden del presidente Clinton realizaron el mayor despliegue de fuerzas militares en el Extremo Oriente desde el fin de la Guerra de Vietnam: dos Grupos de Batalla de portaaviones, el Grupo de portaaviones 5, con el USS Nimitz y el Grupo de portaaviones 7, con el USS Independence se hicieron presentes en la región, navegando el Grupo 5 a través del Estrecho de Taiwán, mientras que el Independence no lo hizo; en efecto, la pronta y contundente reacción americana hizo patente el valor estratégico irrenunciable que la isla de Formosa tuvo, tiene y tendrá para la política exterior de los EE.UU.

 Contexto geopolítico actual: el Indo-Pacífico como escenario estratégico prioritario de los EE.UU.

Ante el vertiginoso crecimiento de la economía de la China comunista en los últimos 20 años y su correlativo ascenso al rango de potencia militar de primer orden, notoriamente en el orden naval, los Estados Unidos, por primera vez, empezaron a percibir la amenaza real que se levanta contra su hegemonía mundial, que en última instancia se asienta en su hasta ahora indisputada primacía como potencia talasocrática. Es así como ya en la primera Administración Obama se empieza a pergeñar una “estrategia de contención” del dinamismo exterior de la China Continental; como consecuencia de esto hoy existe la “DoD China Task Force” (Grupo de Trabajo del ‎Departamento de Defensa sobre China).

La política de contención norteamericana se hizo mucho más explícita durante la Administración Trump con notables esfuerzos para paliar o revertir, donde posible, las desfavorables condiciones de producción e intercambio comercial entre ambos países, hasta entonces muy favorables al régimen del PCCH.

En paralelo, la Administración Trump sabía que para afrontar con probabilidades de éxito el desafío de la China Continental a su hegemonía era imprescindible tanto replantear y afianzar algunas alianzas regionales (espoloneando a sus tradicionales aliados/protegidos del Extremo Oriente, señaladamente Japón y Corea del Sur, para que asumieran en mayor proporción los costos de su defensa y -en el caso del Japón- un rol geopolítico más activo en la región) cuanto revitalizar y profundizar más recientes alianzas -explícitas o implícitas- con los países que por proximidad geográfica con la China Continental sienten con creciente inquietud el gélido aliento de aquella en sus nucas (es el caso de India y Vietnam, pero también de Australia).

En tal sentido, es muy relevante que este 20 de octubre de 2021 el Secretario de Defensa de la Administración Biden haya reafirmado en Nueva Delhi la alianza militar entre los EE.UU. e India, en el marco del QUAD (siglas en inglés del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral entre ‎Australia, India, Japón y Estados Unidos), Sistema creado en 2007 y que hoy dibuja el eje fundamental (al que se está intentando atraer a Sudcorea, Filipinas, Malasia, Singapur y Vietnam para crear un ‎‎“QUAD+) para la contención marítima de la China Continental, es decir, para la protección militar de la libertad de navegación en estas aguas disputadas, impidiendo que el Mar del Sur de China o el Mar de la China Oriental se conviertan en aguas controladas, como es su propósito declarado, por el régimen del PCCH.

También muy importante en redimensionar los equilibrios regionales ha sido la suscripción del Acuerdo entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos, conocido con el acrónimo inglés AUKUS, anunciado el pasado 15 de septiembre de 2021, que busca “fortalecer militarmente y logísticamente a Australia de todos los equipamientos para poder encarar las crecientes amenazas que están proviniendo de China [Continental; N.d.A.], tales como la guerra informática, guerra híbrida y guerra submarina”, y que, por lo pronto, dotará a la Real Marina Australiana de submarinos a propulsión nuclear.

Dentro de este contexto estratégico renovado se han encuadrado los recientes ejercicios militares realizados a gran escala entre el 2 y el 27 de agosto de 2021 en la región del Indo-Pacífico entre los EE.UU., Reino Unido, Australia y Japón; han sido los mayores en 40 años, y los primeros en que el Imperio del Sol Naciente vuelve a la primera línea naval con un portaviones (nominalmente portahelicópteros), el Izumo, tras la Segunda Guerra Mundial (Japón, asimismo, participó la segunda semana de octubre de 2021 en unas maniobras navales junto a Estados Unidos, Australia e India, en el marco del QUAD). Atención: por sus intereses estratégicos de seguridad nacional en juego, Japón -inmerso desde ya hace algunos años en un proceso de consistente rearme, sobre todo naval- está llamado a desempeñar un papel clave en la política de contención del régimen del PCCH, principalmente en relación a la defensa del statu quo de la ROC (Taiwán), como veremos más adelante.

Todo este sistema de alianzas defensivas de contención frente a China Continental dibuja un gran arco que se extiende desde el Japón hasta la India. Punto neurálgico en la funcionalidad de este arco es la implícita inclusión de la ROC (Taiwán) como parte del mismo; es decir, si la isla de Formosa cayese bajo el control del régimen del PCCH, éste habría desbaratado toda la estrategia de contención de los EE.UU. en el Indo-Pacífico, pudiendo rodear al Japón por el oriente y obteniendo libre e ilimitado acceso al Pacífico. Si esto llegase a suceder representaría el fin de la hegemonía americana en el Indo-Pacífico y la caída de toda la región en el área de influencia del régimen del PCCH.

Como puede ya vislumbrarse, en defender la libertad de la ROC (Taiwán) no solo se juegan los EE.UU. su sistema de alianzas defensivas y su credibilidad internacional sino su propio estatus de Superpotencia hegemónica; y los países de la región probablemente la continuidad de sus propios sistemas sociales, políticos y económicos.

El Statu Quo de la ROC (Taiwán): bajo el amparo de la “ambigüedad estratégica” americana.

Desde un punto de vista formal, la ROC ya no forma parte del sistema de alianzas militares de los EE.UU. Esto a raíz de que el 1 de enero de 1979 el presidente Carter denunció unilateralmente -sin intervención del Congreso, lo que generó una controversia constitucional- el Tratado de Defensa Mutua Chino-Americano de diciembre de 1954. En virtud de éste, se había institucionalizado la antigua cooperación militar entre la ROC y los EE.UU. en el marco de relaciones diplomáticas plenas, es decir, con el reconocimiento americano (como, por entonces, de la mayoría de los países) del gobierno de aquella como el único legítimo de toda China; así, se estableció el Comando de Defensa Estadunidense de Taiwán (USTDC).

El Tratado en cuestión fue un eficaz instrumento que proporcionó a la ROC la asistencia técnica y los equipamientos que le permitieron prevalecer frente al asalto militar del régimen del PCCH en la Primera y Segunda Crisis del Estrecho. Tras la Primera Crisis, en 1960 EE.UU. finalmente decidió emplazar ojivas nucleares en la isla de Formosa, como indubitable señal de su voluntad de defender el territorio de la ROC recurriendo, de ser necesario, al arma atómica (de hecho, incluso antes de la firma del Tratado, en septiembre de 1954, la Junta de Jefes de Estado Mayor americana recomendó un ataque nuclear contra el territorio de China Continental, pero el presidente Eisenhower prefirió esperar a ver cómo evolucionaban las hostilidades convencionales).

A partir del 1 de enero de 1980, la ROC perdió, pues, la protección formal y directa del paraguas militar americano. Sin embargo, el Congreso americano, disgustado con Carter, el primer trimestre de 1979 había aprobado la “Ley de Relaciones con Taiwán”; ésta, a través de una serie de eufemismos y provisiones (también de tipo militar: venta de armamento defensivo) redefinía el carácter y modalidades de las relaciones entre ambos países. Esta Ley y las “6 Garantías” comunicadas en 1982 por la Administración Reagan a las “autoridades gubernativas en Taiwán”, están dirigidas a prevenir el total aislamiento e indefensión de Taiwán, pero en términos deliberadamente ambiguos, de manera tal de sembrar la duda a ambos lados del Estrecho de Formosa sobre la posición que adoptarían los EE.UU. si los taiwaneses declaran la independencia o si el régimen del PCCH intenta tomar por la fuerza la isla.

Lo único que no resulta ambiguo en la política americana de “ambigüedad estratégica” es que los EE.UU. sin lugar a duda prefieren que quede inalterado el statu quo en el Estrecho de Formosa. En efecto, al interés nacional americano conviene que las cosas sigan permanentemente como están: que el gobierno de Taipei mantenga e incluso mejore sus capacidades militares (de por sí ya de las más elevadas de Extremo Oriente), pero que en ningún caso se aventure a una formal declaración de “independencia” que precipite una intervención de Pekín; que el régimen del PCCH en China Continental se atenga exclusivamente a la vía de la negociación con las “autoridades en Taiwán” para intentar alcanzar una “reunificación aceptable para los habitantes de Taiwán“ (reunificación es un término incorrecto porque la isla de Formosa nunca ha estado bajo el control comunista); que, en virtud de la relación diplomática plena, el régimen de Pekín siga siendo el interlocutor principal de los EE.UU., en cuanto su competidor estratégico en la región; que la isla de Formosa o Taiwán sigan siendo de facto parte integrante y esencial de su cadena de contención marítima y aérea de las aspiraciones imperiales del régimen del PCCH.

¿La ROC (Taiwán) bien vale una guerra?

La presidente de la ROC, Tsai Ing-wen del partido Democrático Progresista (que va por su segundo mandato) si bien ha moderado su posición, antes independentista, al definir como su objetivo político mantener el statu quo de la ROC, en enero de 2019 exasperó al régimen del PCCH con un mensaje dirigido a Xi Jinping, en el que rechazaba el mal llamado “Consenso de 1992” (según el cual, en la narrativa corriente, Pekín y Taipei reconocían el “Principio de una sola China” aunque diferían en su interpretación de cuál de los dos gobiernos la representaba legítimamente) porque Pekín lo interpreta con la fórmula “una sola China; un país, dos sistemas”, inaceptable para la ROC, máxime a la vista de la constante mortificación de las libertades en Hong Kong, que ha sido campo de prueba de dicha fórmula, quedando en evidencia lo poco fiables que son las promesas del régimen del PCCH.

Desde entonces, la tensión en el Estrecho de Formosa ha ido aumentando exponencialmente, no solo con las acostumbradas bravatas verbales de Pekín, sino con constantes provocaciones militares, en lo que en geopolítica se define como “” agresión en zona gris”.  Así, desde el inicio de 2021 y hasta el 6 de octubre se habían producido unas 600 incursiones de la Aeronáutica militar del régimen del PCCH en la Zona de identificación de Defensa Aérea (ADIZ) de la ROC, lo que ha dado lugar a un alto nivel de alerta militar de ésta, a la condena de las provocaciones del régimen del PCCH por parte de los Estados Unidos y a una reafirmación del Japón en su compromiso, también militar, con la libertad política de los habitantes de Taiwán (a principios de 2021 el Libro Blanco de la Defensa japonesa pidió que se trate la situación con Taiwán “con un sentido de crisis”, señalando además que la continuidad de la estabilidad de Taiwán es imperativa para la propia seguridad nacional de Japón. En junio el viceprimer ministro japonés, Taro Aso, declaró que en el caso de un ataque a Taiwán, “Japón y Estados Unidos deben defender a Taiwán juntos” y  el viceministro de Defensa de Japón, Yasuhide Nakayama, que la independencia de Taiwán como nación democrática debe ser protegida a toda costa; Tokyo ya ha ordenado el despliegue de misiles en la isla Ishigaki a solo 306 km de Taiwán, instalará una unidad de guerra electrónica en la de Yonaguni y construirá una base militar en la de Mageshima).

Llegados a este punto, la situación actual se puede definir ya como de subconflicto militar que, de momento, expone altamente a un posible intercambio, entre las fuerzas del régimen del PCCH y de la ROC, de disparos, ataques con misiles a pequeña escala y la toma comunista de las islas de la ROC adyacentes al litoral continental. En cambio, una invasión anfibia de la misma Formosa, según los analistas militares, es improbable antes de 2027, fecha en que el régimen del PCCH estima habrá completado su desarrollo de capacidades militares adecuadas a semejante reto. Sin embargo, siempre subsiste el riesgo de una escalada en el conflicto, precisamente porque los EE.UU. y sus aliados más cercanos no podrían dejar de intervenir en caso de una agresión militar directa de Pekín contra Taipei, aunque esta fuera limitada a lo aquí hipotizado.

Como bien destaca el Instituto Hoover: “Hasta la fecha, no se conoce ningún caso en el que un presidente estadounidense no haya enviado fuerzas para apoyar la defensa de Taiwán en respuesta a una amenaza creíble del PCCH. Si este historial es indicativo del desempeño futuro, es probable que en los años venideros el gobierno de EE. UU. mejore continuamente su preparación operativa para defender a Taiwán de acuerdo con el panorama de amenazas en evolución. En tiempos de crisis, los líderes estadounidenses probablemente enviarán recursos nacionales abrumadores a la zona del Estrecho de Taiwán y harán más explícitos sus compromisos con la defensa de Taiwán con la esperanza de convencer a la República Popular China de reducir las tensiones”.

Entonces, en definitiva, ¿se puede responder afirmativamente a la pregunta de si para los EE.UU. (y Japón, por lo menos) la integridad territorial de la ROC (Taiwán) bien vale una guerra? La respuesta es que sí; y según el Instituto Peterson de Economía Internacional, en resumen, las razones son que:

  • Taiwán es fundamental para la continuidad de la credibilidad de los compromisos estratégicos de Estados Unidos en todo el este de Asia (…) los países de la región continúan confiando y acogiendo con satisfacción este compromiso de Estados Unidos para salvaguardar la paz y la estabilidad regionales y evitar el surgimiento de una hegemonía regional.
  • Desde un punto de vista sistémico, Taiwán ha atravesado lo que muchos en Estados Unidos esperan ver en el Continente: una transición hacia una sociedad democrática más abierta, justa y estable basada en el Estado de Derecho.
  • Taiwán es el noveno socio comercial más grande de los Estados Unidos, con casi $ 65 mil millones en comercio bilateral en 2007. Se ha convertido en el líder mundial en tecnología de componentes informáticos y de telecomunicaciones, sirviendo como un eje en el desarrollo de este sector crítico [Semiconductor Manufacturing Company, Limited (TSMC), con sede en Hsinchu, es la empresa de fundición de semiconductores más importante del planeta; N.d.A.].

Es de desear que la prontitud de las medidas disuasorias militares que se están adoptando para desalentar el agresivo aventurismo de la política exterior del régimen del PCCH prevengan el conflicto hoy en ciernes, pero desafortunadamente para la región (y para el mundo entero, que sufriría graves perjuicios por una semejante conflagración bélica) la Historia mundial demuestra que a los regímenes totalitarios -y el del PCCH es la quintaesencia de uno- les ha perdido siempre su falta de templanza en política exterior.

 

Mapa geopolítico de las influencias en el Indo Pacífico por Laura Canali del Instituto Limes

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