Política

UN DESMADRE JUDICIAL

Por: Ricardo León Dueñas

Finalmente se consumó el atropello contra Patricia Benavides, quien fue destituida ilegal y abusivamente por una politizada e incompleta Junta Nacional de Justicia por cinco votos a cero, previamente el Congreso había inhabilitado a dos de sus integrantes. Esta cuestionable decisión se tomó pese a que Benavides tenía -en su calidad de fiscal suprema- la condición de funcionaria aforada, conforme expresa disposición del artículo 99° de la Constitución.

Es decir, correspondía al Congreso de la Republica el levantamiento de tal privilegio para ser procesada y de ser el caso, sancionada. Nada de eso importó, una superpoderosa JNJ la destituyó sin el debido proceso ante la complacencia de sus enemigos, un vasto sector de la prensa venal y algunos abogados a los que al parecer la Carta Magna puede interpretarse antojadizamente de acuerdo a sus intereses o a los personajes involucrados.

Inclusive, sobre Benavides pendía una también arbitraria e írrita decisión del Poder Judicial que pretendía suspenderla, para así continuar con la medida dictada por la JNJ en diciembre de 2023, pese a que la investigación a la que se encuentra sometida se encuentra en la fase preliminar, siendo el criterio establecido por la misma judicatura que cualquier sanción de esta naturaleza solo se puede imponer en la fase preparatoria del proceso.

Al actuar la Junta Nacional de Justicia con inusitada celeridad y extraño oportunismo, ya no fue necesaria la referida intervención del Poder Judicial. Inclusive, la arremetida contra Benavides había conseguido la inhibición (extemporánea por lo demás) del correcto juez supremo Juan Carlos Checkley, a cargo de proceso, al iniciarle “oportunamente” investigación por sus presuntos vínculos con la propia fiscal Benavides y su hermana, jueza superior.

A ello se le agrega la reincorporación de Zoraida Avalos como fiscal suprema. Como cereza del pastel la cuestionada funcionaria -inhabilitada por el Congreso y repuesta por el Poder Judicial-fue recibida con una parafernalia tan ridícula como farandulera (globos, pica pica, cartelones, etc.), evento que “coincidió” con la mencionada destitución de Benavides. Nunca fue tan patente y evidente el deterioro del Ministerio Público, hoy convertido en un circo, tierra de nadie y en un botín político.

Un sistema judicial sometido al vaivén de los caprichos políticos de una camarilla de gente, la argolla progre-caviar, a quienes encima nadie eligió para nada y que pretenden controlar la justicia tras bambalinas y a su antojo, es el comienzo de la barbarie. Hoy, el ciudadano de a pie observa entre sorprendido y disgustado como esta gente hace -literalmente- lo que le da la gana. Corresponde, por tanto, a un vapuleado Congreso -la representación nacional nos guste o no- tomar acción y corregir esta anómala situación. La JNJ debe ser desactivada y el MP reorganizado. De no hacerlo, los congresistas se convertirán en cómplices del desmadre existente.

 

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