
Por: Luciano Revoredo
La elección de José María Balcázar como presidente no fue un accidente político; es un síntoma de la descomposición moral de nuestra clase dirigente, una evidencia de la existencia de un pacto mafioso en el congreso.
¿Quién es realmente Balcázar? Es el depravado que, desde su curul, defendió el matrimonio infantil y que las niñas tengan relaciones sexuales “tempranas” para su bien psicológico. Un sujeto expulsado de su gremio, el Colegio de Abogados de Lambayeque, por un presunto desvío de 2.7 millones de soles a sus cuentas personales, hablamos de alguien capaz de plagiar la tesis de su propio hijo y que lleva con desparpajo el récord de más de una docena de carpetas fiscales en las que es el investigado. Este es el personaje que hoy ostenta la banda presidencial: un hombre sin credenciales éticas, una sombra que debería estar respondiendo ante la justicia y no gobernando un país.
Pero el verdadero peligro es el “maquillaje”. Para que la burguesía bienpensante no proteste, para que los mercados no colapsen, para la vitrina internacional han traído a Hernando de Soto. El “genio” de la economía que ha decidido prestar su prestigio para validar a un gobierno nacido del fango. Pero cuidado: De Soto no viene solo. Viene con su agenda de “El Cóndor y el Águila”, una fantasía indigenista y multicultural calcada de los manuales más woke de las fantasías demócratas de los Estados Unidos y que ya aparece en la misma nota de la presidencia que confirma el nombramiento del PCM.
¿Qué ha prometido De Soto para aceptar el cargo? ¿A qué intereses globalistas responde su repentino amor por la agenda multiculturalista? Mientras él habla de “puentes simbólicos” con pueblos indígenas de Canadá, en el Perú real la inseguridad nos mata y la corrupción se institucionaliza con tipos como Balcázar a la cabeza.
No nos engañen. No hay estabilidad con un presidente que desprecia la integridad de la infancia y un Primer Ministro que parece más un consultor de la ONU que un defensor de la soberanía peruana.
Veremos qué gabinete se conforma para ratificar nuestras expectativas.





