Política

¡TRABAJE SEÑOR MUÑOZ!

Por: José Romero

No podemos negar que el entonces alcalde Ricardo Belmont tuvo algunos aciertos en su gestión como obras de infraestructura pero no pudo con el caos del Centro Histórico de Lima. Recordemos que eran los años posteriores al inicio de la reconstrucción del Perú y los coletazos del terrorismo.

Recuerdo que en plena Abancay había puestos encementados y en la plaza Gastañeta, un cocinero  salteaba sus tallarines estilo chifa en medio de la pista.

No había orden ni autoridad. Tuvo que llegar el alcalde Andrade para poner orden y empezar a reconstruir casonas, balcones y todo vestigio que hiciera recordar la grandeza colonial de la ciudad.

Sin embargo esos afanes no fueron continuados por el sucesor Luis Castañeda, un buen alcalde hoy con entredichos con la justicia. Las prioridades fueron otras.

Con la alcaldesa Villarán, sin duda la peor de todos los alcaldes desde que tengo uso de razón, entramos en “modo progre”. Estudios, asesorías y consultorías inservibles fueron la prioridad a la hora de gastar los recursos del Municipio. Hasta se intentó crear “la marca Lima”, lo que fue anunciado con bombos y platillos en una entrevista el el diario decano.Lima fue un caos donde “avanzábamos como el cangrejo”.

Tras un infausto desgobierno, con intento de vacancia de por medio a la cual se opuso militantemente la caviarada con aparente apoyo de la corrupción brasileña, volvió el alcalde Castañeda. Fue una anodina gestión que dio paso a la actual del alcalde de Acción Popular, Jorge Muñoz.

Regresamos al “modo progre”. El Centro Histórico en las noche está casi en penumbras, las vías de acceso “reservadas” a ciclistas inexistentes, volvemos a los Planes Maestros y sus principales calles lucen sucias y llenas de ambulantes. La inseguridad campea, como en todo el Perú.

Volvimos al “modo progre” de “administrar” Lima. Los únicos felices son las oeneges amigas y otros compinches tan inútiles como siempre.

Lima ha dejado de ser la ciudad que fue o aspiraba a ser. Una ciudad señorial.

Un ejemplo de ello son sus casonas transformadas en depósitos de comerciantes de la zona de Mesa Redonda, por citar un ejemplo.  Qué decir de la esquina de Colmena con la Plaza San Martín devorada por el fuego que hasta ahora sigue en escombros. Ni qué decir del emblemático Teatro Colón, poblado por fantasmas desde hace años.

No se salva nada, ni la arquitectura de brilloso antepasado, la cultura ni nada. “Somos una ciudad de emprendedores” dirán algunos. “Somos producto de un mestizaje chicha” dirán culturosos sociólogos caviares. Lo cierto que Lima está casi perdida sin esperanza de resucitar. No mientras tengamos un alcalde que haga caso a “sesudos estudios” de “expertos” que no han administrado ni siquiera una playa de estacionamiento.

Entretanto algunos atrevidos intentan hacer su parte como “los soperos” de La Colmena 700 o el Hotel Bolívar pero cientos de lugares languidecen en el olvido como los otrora cines República, Colmena, Tacna y Le Paris.

Salvo el trabajo de Arte Express, el resto es silencio. Trabaje señor Jorge Muñoz. Trabaje, no haga la finta.

 

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