Política

TERRIBLES SOCIALCOMUNISTAS

Por: Juan Manuel de Prada

Las compañías plutocráticas se lo llevan crudo sin casi cotizar fiscalmente mientras miles de pequeños negocios cierran, asfixiados de impuestos y confinamientos.

Leo que la compañía llamada Amazon, dedicada al comercio electrónico, obtuvo en España unos beneficios de  5.400 millones de euros durante el ejercicio de 2020, de los cual sólo tributó 261, una cantidad que ni siquiera alcanza el 5% del volumen de sus ganancias. Y. mientras tanto, más de cien mil comercios y pequeños negocios echaban la persiana para siempre.

Pero nuestra derechita hibernada (pues se quedó a vivir en las categorías mentales de la guerra fría) y sus gurúes de rompe y rasga siguen repitiendo como loritos la matraca del “gobierno socialcomunista” que —además de mantener a su parroquia encadenada a categorías ridículamente desfasadas— provoca en la parroquia adversa una reacción de simpatía instintiva hacia la chusma gobernante. Así se explica que, mientras permite que la plutocracia globalista devaste la economía nacional, la chusma gobernante pueda proclamarse con desfachatez “escudo social” frente a las asechanzas del “neoliberalismo salvaje” y demás mamarrachadas con las que engaña paulovianamente a su parroquia.

La chusma gobernante está encargada de ejecutar los designios de la plutocracia globalista, que se resumen en dos: destrucción de las economías nacionales (que luego la plutocracia vampiriza, como se percibe en el caso de Amazon) y degeneración moral de los pueblos. Para poder instaurar definitivamente su reinado, la plutocracia necesita acaparar la riqueza que antes se repartía entre muchos, y necesita pueblos envilecidos, ensimismados en sus derechos de bragueta, incapacitados para cualquier esfuerzo fecundo. La chusma gobernante ejecuta ambos designios con impresionante ardor, pero a la vez fingiendo que desempeña un papel de “escudo social” (pantomima en verdad grotesca que no podría representar sin la matraca de la derechita hibernada y  sus gurúes de rompe y rasga). Se trata, en realidad, de la misma estrategia que nuestra izquierda caniche ha empleado para bendecir el contrato temporal y el despido libre (en los Pactos de La Moncloa), para desmantelar la industria y la agricultura nacionales (durante el felipismo) o para entregar nuestra soberanía presupuestaria a los burócratas de Bruselas (durante la etapa zapateril). “Logros” que, por supuesto, la derechita hibernada se encarga luego de “conservar” (así puede decir que es conservadora), como también “conserva” los instrumentos de degeneración de los pueblos.

Mientras tanto, las compañías plutocráticas se lo llevan crudo sin cotizar y miles de pequeños negocios cierran, asfixiados de impuestos y confinamientos. Sus dueños, como los empleados que se quedan sin trabajo, podrán luego ser repescados con sueldos miserables como empaquetadores de Amazon o repartidores de Glovo. Y, como para entonces gobernará la derechita hibernada, la izquierda caniche podrá enviscarlos de odio, diciéndoles que son víctimas del “neoliberalismo salvaje” de la derecha, como ahora los gurúes de rompe y rasga de la derecha nos dicen que somos víctimas de un “gobierno socialcomunista”.

 

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