Vida y familia

¡SI SE PUEDE!, EL EJEMPLO DE JUAN CARLOS MIZUARAY

Por: Andrés Valle Mansilla

Hace algunos años, Freddy Ternero tituló “¡Sí se puede! La conquista de un sueño” a su libro de memorias, con el fin de recordarnos las hazañas conseguidas durante su trayectoria como jugador, entrenador y político, especialmente cuando consiguió que el club Cienciano del Cusco ganara la Copa Sudamericana en 2003. El grito “Sí se puede” se viralizó a nivel nacional e incluso se utilizó posteriormente con fines políticos. Sin embargo, parece que dicho grito se limita a partidos de fútbol o a logros partidarios y no lo aplicamos en nuestra vida social como miembros de todo un país. Una llamada de atención que se refleja en el célebre video Transformemos el Perú, producido por la ONG Responsabilidad Social Todos.

Sin embargo, el “Sí se puede” es un grito que se genera como resultado de cualquier logro no sólo colectivo, sino personal. Aquí es donde reside el verdadero reto, pues en nuestro interior estamos sometidos a una serie de recuerdos dolorosos, traumas, miedos e inseguridades que muchas veces nos paralizan e intimidan ante cualquier reto. El mundo busca matar esos miedos con terapias, mensajes en redes, apoyos amicales y consejos profesionales de influencers con experiencia. Pero pocos con un arma poderosa: la oración. Y ése es el caso del recientemente fallecido Juan Carlos Mizuaray, de cuyo testimonio de conversión trata el presente artículo.

Para quienes no lo saben, Mizuaray fue el fundador de la ONG EX LGBT, que agrupa a hombres y mujeres que estuvieron sumergidos en la vida homosexual, lésbica o transexual y que viajan por diferentes ciudades dentro y fuera del país narrando sus testimonios de conversión espiritual al cristianismo evangélico teniendo como soporte la oración, la predicación, la lectura de la Biblia, el acompañamiento para la sanación emocional y del espíritu. En otras palabras, es un grupo de conversos del estilo de vida contrario al orden divino y que hacen un apostolado testimonial que va a contracorriente de lo que predica el mundo en el siglo XXI.

A mediados de 2018 me tocó brindar una conferencia ante un grupo de católicos en un colegio de la capital peruana y ahí tuve el honor de conocer el testimonio de vida y conversión de Juan Carlos y de otras personas que tuvieron experiencias muy similares a la suya. La firmeza y convicción de sus palabras me conmovieron profundamente, al igual que los banners que utilizó para comparar visualmente su vida antes y después de su “nuevo nacimiento”. Y esa no sería la única que vez que lo vi, porque fue un honor conocerlo y tratarlo como aliado en iniciativas provida y profamilia, como la Marcha por la Vida (hoy privada del apoyo del arzobispado de Lima y no sólo por la pandemia del COVID-19), conferencias y cursos auspiciados por diversas instituciones educativas y, sobre todo, la marcha Con mis hijos no te metas en sus dos ediciones de 2018 y 2019.

No obstante, hay una experiencia que siempre guardaré en mi memoria y que es una demostración de la valentía que tuvo. Cuando se llevó a cabo la Cumbre de las Américas en Lima en abril de 2018, asistí como parte de un grupo representante de la sociedad civil. Cuando todos estábamos en el hemiciclo, un grupo de simpatizantes chavistas boicoteó el evento a base de gritos y consignas, de lo cual se aprovecharon los representantes de los colectivos “trans”. En eso, Juan Carlos hizo su aparición como representante de su ONG y no se dejó amedrentar por quienes propugnan una vida disoluta, sino que se mostró como un combativo hombre nuevo que da su voz a los que no comulgan con los dogmas del mundo liberal neomarxista de hoy.

Hoy en día, mucha gente piensa que el estilo de vida LGBT, LGTBI, LGTBQ o las iniciales que sean, es algo que debería ser respetado y hasta promovido entre los jóvenes. Pero el testimonio de vida de Juan Carlos demuestra que, si bien Dios permite nuestro libre albedrío, también nos avisa de múltiples formas que también estableció un orden para realizarnos plenamente, teniendo como raíz su amor y misericordia insondables, las cuales renuevan nuestro ser desde lo profundo para demostrar que siempre busca rescatarnos del desorden y el dolor causados por nuestra inclinación al pecado. Dios nos ama pero también nos quiere realizados y reconciliados con nosotros mismos, con nuestra historia, con nuestras familias y nuestro entorno. Y nunca “tirará la toalla” respecto a uno solo de sus hijos. La decisión de dejarnos sanar y renacer con Él depende de cada uno, de forma libre y voluntaria.

La inesperada muerte de Juan Carlos me impactó, al igual que el video en el que concede una entrevista (la última de su vida) al periodista Fabricio Escajadillo. Testimonios así no salen en los medios masivos, entregados al poder político de turno o a los dictados de los grupos ideológicos que siempre buscan ganar adeptos en base a ingentes cantidades de dinero, manipulaciones mediáticas, campañas de ataques sistemáticos en redes a los opositores o “excomuniones sociales”, como bien llamó el Papa Emérito Benedicto XVI a toda esa actitud de masas adoctrinadas en la fe hacia el Anticristo, incluso por quienes se hacen llamar cristianos. Porque lo políticamente correcto se presenta engañosamente como igual a la santidad, que significa literalmente sanctitas, es decir, excelencia de vida de acuerdo al modelo del hombre nuevo: Jesucristo.

Juan Carlos Mizuaray, nos diste un testimonio de vida impactante con el cual demostraste que es posible comenzar de nuevo, cuando estamos en el fondo del abismo de nuestros pecados, egoísmos y miserias, porque el propio Cristo dijo “No tengan miedo, yo he vencido al mundo”. El buen pastor siempre nos buscará para curarnos y devolvernos la alegría perdida por el sembrador de la cizaña. Nos mostraste que una vida plena en Cristo siempre sorprende y puede tocar nuestras fibras más íntimas, de manera tal que nos preguntemos qué estamos haciendo con nuestras vidas y si estamos rindiendo frutos saludables para la posteridad. Que descanses en paz, que Dios te tenga en su gloria y ten por seguro que contarás con mis oraciones, porque personas como tú ahora nos inspiran a ser consecuentes con la Verdad, con la Fe y con el Amor.

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