Vida y familia

PARIDAD Y ALTERNANCIA

Por: Gabriela Pacheco

Hoy en día la participación femenina laboral, económica y política va en aumento, su presencia es significativa; sin embargo, no ocupa muchos puestos directivos. Una de las principales barreras para acceder a cargos de liderazgo tradicionalmente masculinos se da por los estereotipos de género y la carga familiar. A nivel mundial aún hay una brecha de género promedio de 32%, según el Global Gender Gap Report del Foro Económico Mundial (2018). Ésta se expresa, en la baja participación de las mujeres en los cargos directivos y de toma de decisiones. La misma situación se presenta en Latinoamérica, el sexo femenino ocupa el 7% de las posiciones directivas, y el 21% de las empresas cuenta con una mujer en su máximo cargo. (1)

La brecha salarial también es uno de los grandes temas en el debate de desigualdad de género, ni siquiera en los casos en que la mujer profesional es el sostén del hogar y se encuentra en la cima del éxito, no gana igual que sus colegas varones en los mismos puestos. No obstante, al estudiar el impacto concreto que genera la utilización del género en las políticas públicas y en la organización de las estructuras sociales, no se aprecia grandes avances. Una de estas políticas fallidas es el proyecto de ley sobre las cuotas de género para los partidos políticos, el PL de “paridad y alternancia”, que asignan una presencia femenina no siempre deseada.

En la construcción de discursos paternalistas se tiende a salir en defensa de la mujer por su poca participación en la esfera pública, pero resulta contraproducente al darle un tratamiento especial que linda en privilegios. Este proyecto de ley es una imposición y un mal ejemplo de la participación de la mujer en la sociedad; no se da cabida al talento personal y a los méritos académicos sino se incluye a la mujer para asegurar su imagen. Este proyecto de ley producto de la ingeniería social supone una reivindicación de la mujer y no consigue la equidad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Nada impide a una mujer estar en un cargo público. Recordemos que hemos tenido varias candidatas presidenciales, a varias alcaldesas electas, a presidentas regionales y a muchas congresistas mujeres en distintos partidos, con lo cual queda a libertad del votante elegir o no a una mujer para un cargo público. Si en las últimas elecciones no hubo un cupo mínimo ni un tope máximo para la representación femenina, qué cambió para verse obligados a proponer un proyecto de ley de paridad y alternancia.

Considero que no se debe hablar de cuotas de género, sino de méritos, cualidades para la gestión, conocimientos, experiencias laborales y récord académicos. De esta manera, se daría lugar a la interacción e intercambio de ideas, perspectivas y conocimientos del hombre y de la mujer, al rol de complementariedad y reciprocidad natural.

El derecho de todo hombre y mujer es el derecho a tener participación en la esfera pública, a que no existan barreras para ejercer esa participación cuando libremente se quiere hacer, a tener una oportunidad para desarrollarse. No inventen el derecho de paridad o de alternancia. La cuota de género no es un derecho ni un deber. Los partidos políticos pierden cuando se sacrifica la meritocracia por cuotas que no generan igualdad ni mejora.

Existen grandes diferencias naturales entre el hombre y la mujer, observamos que en sociedades europeas en las que se hace énfasis en el trato igualitario entre hombres y mujeres, hay mayores diferencias al momento de escoger estudios superiores y trabajos profesionales. Desde esa diferencia hay que construir la igualdad de oportunidades.

Es un débil favor para una mujer el que se hace asegurando un cargo sin que lo merezca, otorgándoselo no como premio sino como condescendencia, protección o para no infligir la ley. El exigir que cada empresa o partido político divida en partes iguales los cargos directivos para hombres y mujeres no es la solución. Una mujer desea que la elijan en un puesto por su formación profesional, no por ser mujer, sino por ser idónea para ocuparlo.

Si se desea avanzar hacia el verdadero progreso se debe dar énfasis en la persona, en su mejora a través de una educación con igualdad de oportunidades. El gobierno de cada país tiene una responsabilidad muy grande en cuanto a la educación de sus pobladores. Es una tarea ardua, pero prioritaria. En este sentido no deben dejarse llevar por intereses de algunas minorías con ambiciones individuales o dejarse influenciar por una ideología con una visión que niega la sexualidad humana, sino por una genuina responsabilidad con las vidas de las personas. Se necesita buscar el bien de todos. Porque legislar con ideología de género no dará igualdad de oportunidades, ni dará libertad, menos solucionará los problemas de fondo.

Como mujer, quiero escoger en libertad y que me elijan también en libertad. Quiero que mis hijos tanto mujeres como varones se los estime en igualdad de oportunidades y no que los estén midiendo por cuotas.

 

 

(1)  https://gestion.pe/amp/economia/empresas/avance-politica-equidad-genero-empresas-camina-pasito-paso-273228

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