Cultura

MÁS ALLÁ DE LA INSTRUCCIÓN: EL ROL DEL EDUCADOR COMO INVESTIGADOR

Por: Prof. Leyda Idme Apaza*

La educación, entendida como un servicio que contribuye a la formación integral del estudiante, prioriza a la persona por encima de las tendencias pedagógicas y las fluctuaciones del mercado social. Si bien la sociedad actúa como un agente educativo relevante, no debería ser el factor determinante en la dirección de la educación.

El término “educar”, derivado de sus raíces latinas, “educare” y “educere”, subraya la centralidad de la persona en su definición. Por tanto, el compromiso del educador se centra en comprender al educando y en el análisis crítico de las nuevas corrientes educativas, lo que implica desempeñar un papel activo como investigador.

El rol del educador no puede limitarse a la mera instrucción para la adquisición de conocimientos, habilidades y actitudes. Centrarse en estos tres aspectos refleja un enfoque predominantemente académico de la educación, que lleva al docente a emplear diversas metodologías con esa única finalidad.

Sin embargo, cada metodología se basa en una corriente educativa que, a su vez, deriva en una perspectiva antropológica. Implementar metodologías con un fin exclusivamente académico aleja al educador de la verdadera finalidad de la educación: el perfeccionamiento de la persona.

La educación es más que instrucción. Su propósito formativo dirige al educador, debido a su grado de influencia, a conocer al estudiante para proporcionarle el acompañamiento necesario que contribuya a su perfeccionamiento.

Conocer al estudiante para que pueda alcanzar la mejor versión de sí mismo implica comprender la esencia de lo que significa ser persona. El profesor debe emplear sus habilidades investigativas para profundizar en el conocimiento de la persona a quien educa y la individualidad de cada uno de sus estudiantes.

La relevancia de la investigación en el ámbito educativo no sólo se asocia a la comprensión de la perspectiva antropológica que orienta la tarea del educador, sino también a la tarea formativa en cuanto al qué y cómo se formará. Pero, investigar sobre el qué y el cómo de la formación será una tarea más sencilla en la medida en que se conozca a la persona a quien se educa, porque permitirá al docente orientar su tarea educativa e investigativa de manera efectiva.

Investigar es una actividad que el profesor debe realizar constantemente como parte de su práctica pedagógica. Algunas actividades que implican el uso de habilidades investigativas en su práctica son: el diagnóstico del grupo de estudiantes y su contexto familiar, el establecimiento de una relación favorable con los padres de familia, la actualización de contenidos a enseñar, y la adaptación e implementación de estrategias que favorezcan el aprendizaje y el logro de la tarea formativa.

Un educador consciente de su rol y comprometido con la investigación puede servir como modelo a sus estudiantes, inspirándolos a adoptar un enfoque crítico y reflexivo hacia el aprendizaje y el desarrollo personal. En ese sentido, la investigación no sólo es una actividad académica, sino también una actitud y un conjunto de habilidades que pueden enriquecer todas las áreas de la vida de los estudiantes.

 

 

*Profesora del Departamento de Educación de la Universidad Católica San Pablo

 

Dejar una respuesta