Política

LA VERDADERA HISTORIA II

Por José Romero.-

Nos piden “reconciliarnos”. ¿Con quiénes? ¿Con los que asesinaron a miles de peruanos en nombre de la “revolución mundial?

¿Quiénes serían los interlocutores de los terroristas? ¿Aquellos que dirigieron el semanario Cambio, vocero oficioso del MRTA, y hoy fungen de demócratas? No nos acordamos acaso de que Cambio, una semana antes de que el MRTA cobrara un rescate de un secuestrado, sacaba una edición de 8 páginas, y la semana siguiente, publicaba una edición “especial” de 64 páginas. Con qué recursos sino con el producto del plagio y la extorsión. Decenas fueron secuestrados y mantenidos en una “cárcel del pueblo” en condiciones ominosas como Hiraoka, Delgado Parker o Ballón, cuyo cadáver apareció tirado en un descampado con solo 40 kilos de peso.

Sendero Luminoso y el MRTA tenían sus cómplices o tontos útiles como Diez Canseco o Letts. Este último apostaba incluso por una “trenza” entre la izquierda legal (IU) y la izquierda “revolucionaria” (léase terrorista). Así también muchos “intelectuales” prestaron sus coartadas para justificar la “rebelión”.

Estos movimientos terroristas tenían también sus órganos generados. SL tenía hasta una asociación de “abogados democráticos” que les daban soporte legal y más. Ni qué decir de sus “artistas populares” que cantaban a los “mejores hijos del pueblo” como cuando Martina Portocarrero reclamaba a la Mamacha de las Mercedes por la muerte de Jovaldo (José Valdivia Domínguez) muerto durante la debelación del motín de El Frontón y reivindicado como combatiente de SL.

¿Qué decir de esos poetas que dirigían la página “cultural” del vocero de SL –El Diario- o la viuda de Arguedas, quien recién a la segunda vez que fue detenida fue juzgada y condenada y al cumplir con un laxo periodo de prisión partió a Chile donde su primer acto público fue reivindicar su militancia terrorista en SL.

Muchos ingenuos critican las severas penas que impusieron los Jueces Sin Rostro (una de las medidas de excepción con las que el gobierno del Presidente Fujimori combatió eficientemente al terror). Dicen que cómo fue posible que por “volantear”, un combatiente de SL fuera condenado a 15 o 20 años de cárcel. No tengo la menor duda de que si ese terrorista hubiera sido detenido un año después, tendría en su haber no una sino varias muertes. Cuántos inocentes salvaron sus vidas con la carcelería de esos terroristas. Otros “afortunados” lograron escapar y recibir generoso exilio en países como Suecia, Francia, Bélgica y Alemania, por citar solo 4. Un caso de estos fue el de Luis Arce Borja que huyó a Bélgica, desde donde siguió avivando el “fuego de la revolución”.

Hay ingenuos que piden que “cada una de las partes del conflicto armado interno” tenga derecho a “su memoria”, como si los terroristas tuvieran derecho a celebrar sus éxitos. Pero para las ONG defensoras de los derechos humanos (de terroristas), esto debe ser así, tal como lo demuestra la exposición de Yuyanapaq, donde se exponen fotos tamaño gigante de las huestes terroristas del MRTA entrando “victoriosas” a un poblado del Huallaga mientras que en minúsculas fotos exponen tomas de tropas del Ejército exhaustas y aparentemente derrotadas. Otro de estos sinsentidos es el llamado Ojo que Llora donde se mezclan victimarios (terroristas) con sus víctimas o el Museo de la Memoria que ha sido construido con recursos del gobierno de Alemania. ¿Qué les parecería a los alemanes si el Perú financiara un museo para preservar la memoria de la SS en Berlín?

Recordemos a nuestros soldados como el oficial EP Jorge Julio Romero Castro asesinado vilmente en el Huallaga, los Húsares de Junín que fueron volados en mil pedazos en el atentado de Barrios Altos, al coronel PNP Tumba, al capitán de navío Vega Llona y al general EP López Albújar asesinados en represalia por El Frontón y Molinos. En el primero se debeló un motín terrorista y, en el segundo, se abatió una columna de mercenarios al mando del MRTA que iba a tomar la ciudad de Jauja.

Con el gobierno del Presidente Fujimori –y un poco antes incluso- se pasó de una estrategia solo operativa a otra donde se privilegió una estrategia de desarrollo socioeconómico unida a labores de inteligencia y también –cómo no- operativa.

Ante el caos permisivo se alzó un Estado que enfrentó con decisión al terror. Atrás quedaron las universidades tomadas por el terrorismo (donde captaba “combatientes”), academias como la César Vallejo –que proveía de combatientes y de fondos -, las cárceles donde primaba la ley de los internos por terrorismo, las marchas callejeras como la llevada a cabo en la Plaza Manco Cápac, los paros armados, la abierta apología al terror como la publicación de la mal llamada Entrevista del Siglo al líder de SL y que era vendida tanto en quioscos de Lima como en las esquinas de Colmena con Lampa y Colmena con Azángaro, la cobardía de muchos jueces y fiscales que no se atrevían a condenar a los terroristas.

Sin embargo, con el “renacer de la democracia”, el presidente que derrotó al terror fue condenado a 25 años de cárcel y el juez que presidió esa sala declaró limpios de toda culpa a los “mártires” de La Cantuta. ¿Por qué no salieron a la luz las investigaciones de la Dincote? Los familiares de aquellos fueron indemnizados mientras que cientos de huérfanos y viudas de los que combatieron al terror quedaron sumidos en el olvido. Años después, se quiere convertir los excesos del Estado –individualizados en algunos soldados y policías- en el fragor de la lucha en política oficial de “guerra sucia”. Los “desaparecidos” que se enrolaron en la subversión, hoy quieren ser “aparecidos” como víctimas del Estado.

Algunos querrán que nos olvidemos de los años de terror en que vivimos y hacen lo imposible para que las nuevas generaciones crean que aquí solo hubo una represión generalizada. Se inventan cifras y como no hay nombres dicen que son nn. nn. Quieren que nos olvidemos de que muy cerca de Lima había poblados tomados como el caso de Raucana. Nadie se acuerda ya de María Elena Moyano, Pascuala Rosado y otros. Incluso sostienen que Pedro Huillca fue asesinado por un “comando paramilitar” a pesar de que todo indica que los asesinos fueron los senderistas.

Este portal intenta revertir la ofensiva de quienes quieren olvidar y hacernos olvidar justamente con el cuento de la memoria. Basta ya de películas, libros o puestas en escena donde abiertamente se miente. No olvidemos a nuestros soldados, policías, ronderos, autoridades políticas y anónimos ciudadanos que combatieron el terror a lo largo y ancho del Perú. No olvidemos la sangre y sudor de los que lucharon en el Huallaga, en el valle del Mantaro, en la selva central, en Lima, en la sierra de Piura, Libertad y Ancash, en Huánuco, en los lejanos pueblos de Ayacucho, Huancavelica y Apurímac, en el altiplano y en las provincias altas de Arequipa y Cusco, entre otros frentes de combate al terror.

No olvidemos que en el Perú no hubo un “conflicto armado interno”, sino más bien la respuesta del Perú al terror.

Urge escribir para la posteridad una verdadera verdad. Lo que realmente ocurrió en el Perú de los 80 y parte de los 90, y que incluso ocurre hasta hoy en el VRAEM.

Que nuestros Comandos Chavín de Huántar no sigan siendo agraviados. Que la sociedad alce su voz para que NUNCA MÁS unos cuantos miserables terroristas osen levantar un arma contra los peruanos.

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