Cultura

LA TRADICIÓN GERMANA DEL CONEJO DE PASCUA (Y DE CHOCOLATE)

 

Por: Percy Hartley

Desde niño me llamó mucho la atención en particular la presencia de los conejitos de pascua (especialmente de chocolate) que adornaban de manera curiosa los días próximos a las fechas de Semana Santa y no encontraba mucha explicación entre la fecha, la celebración y los graciosos animalitos saltarines.

Muchos años después en mi primer viaje a Alemania tuve la oportunidad de vivir allí precisamente los Cinco Domingos de Cuaresma, el Domingo de Ramos, Jueves y Viernes Santo y la Pascua de Resurrección.

Coincidente con la cercanía de la primavera, era sorprendente ver las decoraciones propias del tiempo de pascua, conejos de todas las formas, tamaños y colores pero sobretodo los maravillosos huevos de chocolate en platinas multicolores. Y claro, mi consigna fue encontrar la respuesta a la pregunta, en su fuente de origen por excelencia.

Los  pueblos antiguos del norte europeo tienen en la liebre un símbolo de inocencia, alegría y espíritu de gozo. Sin duda hay alguna relación a los vocablos “ Easter “y “ Oster “ con festividades paganas y en las concepciones mitológicas antes de Cristo. El conejo fue siempre tomado también como símbolo de la fertilidad y en Alemania se convirtió en una tradición el Osterhase (conejo de pascua).  Pero esta leyenda es trasladada de forma bellísima y propia del alma inocente alemana adaptando la fiesta pagana en las tradiciones cristianas. Y cuenta la misma que una vez colocado el cuerpo de Cristo en el sepulcro, había dentro de la cueva un conejo escondido, el que muy asustado veía como todos lloraban y le dio también tristeza ver a Nuestro Señor muerto. El conejo permaneció en la cueva cuando cerraron la piedra que cerraba la entrada y se preguntaba quién sería el que tanto querían y lloraban. Y así pasó todo un día y toda una noche hasta que Jesús se levantó y dobló las sábanas que lo habían envuelto. Un ángel movió la piedra y el conejo comprendió que tenía que avisar a todos los que lloraban que ya no había motivos de pena pues el Señor había resucitado.

Y siendo así, al no poder hablar, salió cada Domingo de Pascua a dejar huevos de colores a todas las casas para compartir la buena nueva y que los hombres de buena voluntad comprendan el mensaje de vida y  recordar al mundo que Jesús resucitó y que hay que vivir con la alegría y esperanza de nuestra propia  resurrección, la que profesamos en el Credo y que nos llena de la victoria del que venció al mundo. Y lo del chocolate… pues es el genial valor agregado de la tradición. ¡A estar siempre alegres!

Dejar una respuesta