La columna del Director

LA DOCTORA CACHETADA

Por: Luciano Revoredo

Hay temas delicados en estos tiempos. Temas que la corrección política impone como tabúes. Sin embargo, si uno busca y se compromete con la verdad hay que tocarlos.

De un tiempo a esta parte llamar a las cosas por su nombre, no es adecuado ni bien visto por sectores adormecidos por el sentimiento de culpa que genera ese comején que va carcomiendo la verdad, que nos censura, que cierra cuentas en las redes sociales, porque vivimos en la sociedad de cristal en la que hay que tener cuidado hasta de aplaudir algo que pueda ofender a otro.

Por ejemplo, criticar abiertamente la conducta de una mujer es imperdonable. Si esta es vieja, perdón, adulto mayor, perdón, adulta mayor, peor aún. Será que uno es un misógino o tal vez ya exista la gerontofobia, no lo sé. En este mundo  cualquier disidencia de la corrección impuesta por el establishment progre puede ser una fobia.

Sin embargo, a riesgo de provocar cualquier tipo de reacción me voy a tomar la libertad, de cuestionar el accionar de una adulta mayor. ¡Ahora lo dije bien!

Me refiero a la doctora Carmen González, la que por sus exabruptos y reacciones violentas en la radio en la que tuvo un programa, se ganó el apelativo de Doctora Cachetada.

La primera pregunta que habría que hacer es en qué universidad accedió al grado académico de doctora. Ella usa alegremente ese grado incluso en su negocio personal que es la llamada Clínica de las emociones y en su usuario de Twitter que es @DraGonzalez. No obstante, su doctorado no está registrado en SUNEDU. Aparentemente existe un olvido involuntario de su parte en medio de tanto trámite que nos impone la burocracia.

Lo que si resulta intolerable es que la mencionada “doctora” ha pasado de verter violencia en su consulta de la radio, en la que indubitablemente siempre la culpa de todos los males son las relaciones paterno filiales, a convertirse en opinóloga política. Cuando en realidad no es otra cosa que lo que huachafamente llamamos una hater. Es decir, una odiadora.

Admito que se puede, y yo lo hago, ser duro en las críticas, usar adjetivos fuertes, que para eso existen, pero lo que no se puede es caer en la infamia, ni en la degradación de la verdad como lo hace en redes sociales la llamada doctora Cachetada.

En los últimos días ha expresado odio al por mayor, al parecer, como dice el valse criollo, en el alma tiene el veneno de la calumnia y la maldad. Por ejemplo, ha deseado la muerte de los adversarios, en este caso los apristas:

O peor aun cuando elabora una alambicada y fantasiosa teoría para acusar sin prueba alguna al fujimorismo de la violencia callejera que todos podemos ver claramente que proviene de los comunistas que pueblan las calles del centro de Lima:

Esto es horroroso, infame, denigrante. Sus hijos, que ignoro si los tiene, pero que han de haber recibido una formación ejemplar con una madre tan experta en relaciones humanas, harían bien en pedirle que se retire de la vida pública y se someta a terapia con uno de los especialistas de la Clínica de las emociones. Nunca es tarde.

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