La columna del Director

LA DOBLE MORAL DE PEDRO SALINAS Y PAOLA UGAZ

Por: Luciano Revoredo

Luego que Pedro Salinas fue  condenado por el delito de difamación agravada, un grupo de congresistas tuvo una muestra curiosa de apoyo al periodista difamador. Su condescendencia los llevó al inopinado  y sorprendente extremo de vestirse con unas camisetas en las que estaban retratados Salinas y Paola Ugaz, y abajo se leía: “VALIENTES”. Lo sorprendente del hecho, pasa por que la “valentía” de Salinas estaría en haber difamado al obispo Eguren. Hecho, por lo demás, ahora comprobado.

Hace unos días, Pedro Salinas  salió a defender a Marisa Glave- una de las congresistas que se puso la camiseta- ante las voces que pretenden vincularla con el bochornoso caso de corrupción de Susana Villarán. Como se sabe, Glave era regidora en el gobierno municipal de Villarán. La defensa del difamador Salinas se sustenta en que Glave no habría conocido los hechos turbios perpetrados por Villarán.

Resulta increíble constatar la diferencia de medida con la que juzga Salinas dos casos que, desde su óptica, serían semejantes. Él acusa a Monseñor Eguren de ser encubridor por el hecho de haber pertenecido a un grupo de gente que estuvo cerca de una persona que cometió abusos. ¿Por qué no acusa con la misma severidad a Marisa Glave? Ella estuvo en el entorno de Villarán, fue regidora, y una de sus más cercanas colaboradoras. ¿Dónde radica la diferencia? En el prisma a través del cual Pedro Salinas mira la realidad.

No estamos afirmando la culpabilidad de Glave, no somos tan irresponsables como Salinas, sólo usamos este ejemplo para demostrar la doble moral del periodista.

Lo mismo debe afirmarse en relación con la vinculación de Paola Ugaz con el dinero corrupto recibido por Susana Villarán. ¿Por qué Pedro Salinas no pone el grito en el cielo y exige transparencia y castigo ejemplar? Porque no juzga con la misma vara. Este es, en buena cuenta, un ejemplo preclaro de lo que se denomina “doble rasero”. Se apañan unos a otros, se defienden mutuamente, o utilizando el lenguaje de Salinas, ¿no se podría decir que se “encubren” unos a otros?

En este intrincado tablero de piezas incómodas (por no decir surrealistas), hay una más que se debería sumar. Paola Ugaz estima que Gustavo Gorriti es “su mentor” y dice que es el segundo periodista al que más admira. “Es que él me ha formado, a los golpes, a los gritos… No es broma”, afirma (Entrevista en La República, 12 de diciembre de 2011). Por un lado, esto sitúa a Paola Ugaz en el célebre IDL, con todo lo que eso significa. Por otro, surge la pregunta: ¿por qué no denunció a Gorriti por abuso físico y psicológico? Educar a gritos y golpes, ¿le parece normal a la gran defensora de los abusados? ¿En qué quedamos? ¿Se puede o no se puede educar a gritos y golpes? Por cierto, el periodista que más admira Paola Ugaz es Enrique Zileri a quien le agradece por todo lo aprendido. “Tu legado (y tus gritos) serán inolvidables”, le dice en un Tweet luego de la muerte del conocido periodista.

Entonces, ¿se debe o no se debe educar a gritos y golpes? ¿Al estar cerca de una persona, se tiene o no se tiene que conocer todas sus cosas?  Parece que esperar de Pedro Salinas y Paola Ugaz el mínimo de coherencia es mucho pedir, es un imposible. En la citada entrevista al diario La República, la periodista le pregunta a Ugaz si ha recibido amenazas. Ella, con cierto desparpajo, responde: “Sí, pero la verdad pocas, ah. Aparte, a mí no me gusta esa vaina de que te tiras a llorar y dices: ‘Ay, me están persiguiendo…’ ”. ¡Cómo has cambiado, pelona!

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