La columna del Director

¡FELIZ DÍA KEIKO!

Por: Luciano Revoredo

Keiko Fujimori está en prisión hace más de medio año. Una prisión arbitraria e injusta. No vamos a abundar en ese aspecto. Está en prisión cumpliendo una especie de condena anticipada, una condena perversa.

Hoy cumple años, tal vez el cumpleaños más extraño de su vida. Muchos entonces al ver el título de este artículo pensarán que es un dislate desear un feliz día a alguien en esas condiciones. Surge entonces el dilema de la libertad. Uno de los más preciados dones que Dios nos ha dado. Y recordamos la obra de Viktor Frankl, aquel psiquiatra judío-austriaco que vivió los horrores de la prisión en un campo de concentración y que en esas circunstancias desarrollo su teoría sobre la libertad.

Dice Frankl que existe una libertad interior, que nadie nos puede arrebatar, es la que confiere a cada existencia un sentido. En su obra “El hombre en busca de sentido” en la que cuenta su experiencia como prisionero, dice que aún en el campo de concentración “…siempre había ocasiones para elegir. A diario, a todas horas, se ofrecía la oportunidad de tomar una decisión, decisión que determinaba si uno se sometería o no a las fuerzas que amenazaban con arrebatarle su yo más íntimo, la libertad interna; que determinaban si uno iba o no iba a ser el juguete de las circunstancias, renunciando a la libertad y a la dignidad, para dejarse moldear hasta convertirse en un recluso típico.”

Estamos seguros que Keiko Fujimori ya descubrió esa libertad y la ejerce. Esa libertad que la pone por encima de la perfidia de sus carceleros y que impide que se convierta en una reclusa típica.

A la edad en que muchos jóvenes viven despreocupados y hasta frívolos, Keiko ya estaba involucrada, como Primera Dama de la Nación, en los trajines de la alta política. Obras sociales, apoyo a los niños, viajes protocolares, fueron el día a día de una joven de poco más de veinte años.

La conocí en esos días y su madurez y capacidad para entender al país eran notables. Tengo el recuerdo vivo de aquel momento inmarcesible, en que, al fin del gobierno, en una reunión en el comedor de Palacio se despidió uno por uno de todos los trabajadores. Muchos la habían conocido de niña y conmovidos lloraban.

Luego de eso, lejos de marcharse del país como muchos hubieran hecho, inició una carrera política brillante, en tiempos en que los partidos no valen nada, se diluyen, se compran o se venden; Keiko Fujimori empezó a recorrer el Perú, a reencontrarse con los pueblos, a escucharlos, a establecer vínculos… y así surgió el más sólido y grande partido de la actualidad.

Es entonces que odiadores de toda ralea, desde la izquierda aliada del terror hasta la falsa derecha mercantilista se unen. No pueden soportar un movimiento popular que los desplace y evidencie su corrupción, mediocridad y marasmo.  Es así que primero colocan en palacio a una pareja de aventureros corruptos, y luego en un evidente fraude le roban las elecciones que sin duda había ganado y colocan al Perú en una crisis que venimos arrastrando hace casi tres años.

¿Luego de todo esto, alguien puede creer seriamente que una prisión y los aullidos insensatos del odio la pueden doblegar? Yo no lo creo. Y estoy seguro que haciendo eco a la voz legendaria de Túpac Catari, en los momentos de soledad en que ejerce aquella libertad interior que nadie nunca le podrá arrebatar, piensa “me tienen encerrada, pero mañana…volveré y seré millones”, porque es así, somos millones los peruanos que confiamos en su inocencia y que esta pesadilla de la prisión acabará pronto.

Hoy cumple años y estoy seguro que a pesar de la adversidad le podemos decir ¡FELIZ DÍA KEIKO!

 

 

 

 

 

 

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