Iglesia y sociedadLa columna del Director

EL PAPA FRANCISCO Y LOS PECADOS DEL PERIODISMO

Por: Luciano Revoredo

El Papa Francisco ha concedido recientemente una entrevista al periodista español Jordi Évole cuya transmisión televisiva ha logrado récord de audiencia. En ella se tocan diversos temas como la inmigración, el hambre, los abusos al interior de la Iglesia, las guerras olvidadas, el aborto o la homosexualidad. Por momentos la conversación se torna cruda y dura; en otros adquiere un tono más optimista y esperanzado, siempre con la expresión coloquial y directa que caracteriza a este Papa.

Francisco quiso aprovechar una pregunta de Évole para hacer una reflexión sobre los medios de comunicación y sobre la responsabilidad que tenemos los comunicadores. En ese marco, el Papa tomó un respiro y se dirigió al periodismo —encarnado en el periodista que tenía delante— y dijo: “ustedes tienen la posibilidad de caer en cuatro pecados o cuatro actitudes malas. Cuatro actitudes que los amenazan constantemente y de las cuales tienen que defenderse”.

Y pasó a explicar en detalle cada una de ellas, que aquí resumimos brevemente. “Primero —dijo el Papa— la desinformación”. Es dar la noticia, pero solo la mitad. Segundo, la calumnia. “El medio de comunicación tiene tanto poder frente a las masas, a la gente, que puede calumniar impunemente. Además, ¿quién le va a hacer juicio? Nadie. Por ahí uno se atreve”. En tercer lugar, Francisco se refirió a la difamación que es, en su opinión, “más sutil todavía” que la calumnia. Finalmente, se refirió a una actitud en la que puede caer el comunicador: la coprofilia. “Es un poquito arriesgado decirlo, pero es verdad”, dijo. “El amor a la cosa sucia… amor a los escándalos, a todo lo que es sucio. Y hay medios que viven de publicitar escándalos sean o no verdaderos, o sean la mitad verdaderos o no. Pero viven de eso”. Terminó Francisco presentando una tarea-desafío para los comunicadores: “Superando esos cuatro límites, la comunicación sería algo maravilloso. Un comunicador que esté siempre examinando de no caer en esos cuatro defectos, es flor de comunicador”.

Las palabras de Francisco recogen la preocupación de muchísima gente frente al llamado cuarto poder y evidencian la necesidad de hacer autocrítica.

Se trata, sin duda, de un análisis certero frente al cual el mismo Évole reconoció: “Papa Francisco, para ser alguien que no ve la televisión ha hecho usted un análisis de la televisión actual bastante importante”. Y habría que hacerlo extensivo a la radio, a la prensa escrita y a todo medio y forma de comunicación.

En nuestro país, lamentablemente, sobreabundan los ejemplos de esas “cuatro actitudes malas” a las que se refiere el Papa. Y habría que decir, incluso, que algunas de ellas se han institucionalizado como una forma de hacer periodismo que responde a otros intereses que no son la genuina responsabilidad de informar al público.

Frente a ese poder, muchas veces aplastante, efectivamente —como dice Francisco— ¿quién se va a animar a defenderse por la vía legal? Felizmente hay algunos que lo hacen, por ejemplo cuando la calumnia y la difamación los amenazan, a pesar de tener campañas orquestadas en contra. Esos casos, por más que sean pocos, nos recuerdan que el periodismo tiene límites que no puede avasallar. Y uno de ellos es la dignidad y la buena fama de las personas.

Lamentablemente también es parte de esta descomposición de la noble labor del periodismo el equivocado espíritu de cuerpo, que lo podemos percibir  incluso a niveles tan importantes como la  Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), donde se pretende muchas veces justificar a los difamadores y calumniadores que se esconden tras el poderoso muro de la libertad de expresión.

Lo reiteramos, la labor de la prensa es noble e importante, y en  otras ocasiones el Papa ha agradecido su papel por ayudar a visibilizar problemas, por informar y dar voz a personas que atraviesan situaciones dolorosas que de otra manera quedarían en el silencio. Esta vez invita a contrastar la labor periodística con esas cuatro desviaciones que la afean y banalizan. Que no se cometa el error de apropiarse rápidamente de los elogios y esquivar cínicamente las críticas.

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