La columna del Director

EL HIJOPUTISMO EN EL PERÚ

Por: Luciano Revoredo

El hijoputismo es un modo de ser perverso, siniestro, marrullero, innoble, rastrero y aprovechador. De los que lo practican, sin ningún escrúpulo, se puede decir que son unos hijos de puta por mérito propio, ya que sus madres bien pueden ser unas santas. No es una definición de la madre, es la manera de ser del hijo lo que cuenta.

Un hijo de puta en la más clara definición del término es aquel que jamás piensa en el prójimo, que no duda en usar la fuerza, la violencia, la influencia o la mentira para imponer sus convicciones, un ser sin escrúpulos ni límites, es el que saca provecho hasta de la desgracia ajena. De ellos se puede decir que practican el hijoputismo como doctrina.

En la política peruana podemos encontrar varios ejemplos, uno emblemático es Toledo, capaz de negar a una hija, mentir de manera compulsiva, usar y manipular hasta a su anciana suegra para enriquecerse con coimas millonarias. Es sin duda un maestro del hijoputismo.

Abundan los ejemplos, podemos hacer una larga lista de felones, traidores y delincuentes que han pasado por la alfombra roja de la política peruana. Pero hoy están en su mejor momento. Tanto en la política como en el noble oficio del periodismo.

¿O es que personajes lamentables y patéticos como Julio Guzmán hablando de golpe de estado, incitando a la violencia, arriesgando a los jóvenes, no es casi un ícono del hijoputismo peruano? O Verónika Mendoza, tratando de sacar partido de la crisis, con su mirada bovina y voz de madre superiora, aguijoneando a la gente para salir a hacer destrozos ¿No es otra?

También los hay más discretos, de esos que tiran la piedra y esconden la mano. No se escapan de este ranking del hijoputismo encubierto Gino Costa, el caviar por antonomasia, que viene viviendo del estado hace décadas o Alberto de Belaunde, que para legislar usa más las hormonas que las neuronas y que es un referente en el uso del “buenismo” como bandera para contrabandear ideologías perversas. Estos dos, por ejemplo, practican el hijoputismo asolapado.

En la prensa abundan los prosélitos del hijoputismo: El concentrado de Graña,  la gentita del IDL, varios de RPP, alguna de Radio Santa Rosa y claro toda La República, aquel pasquín socialistoide que cuando estaba en juego la vida de los rehenes de la embajada de Japón, a través de su primera plana les pasó el dato a los terroristas que se estaba haciendo un túnel.

Estos no cambian, su hijoputismo es genético, lo llevan en la sangre. Por eso ahora en plena crisis y cuando el Perú puede empezar a salir adelante llevan ya varios días hablando de golpe de estado. Justo ahora que las fuerzas democráticas se están reagrupando en torno a un gobierno de transición.

En el mundo académico también abundan, basta con leer el pronunciamiento de los profesores de derecho de la PUC sobre la vacancia presidencial para ver cómo se puede tergiversar todo para ponerlo al servicio de ideas funestas.

El hijoputismo es voluble, tiene doble moral, lo que es bueno para los suyos es malo para los demás y viceversa.

En los próximos días veremos al hijoputismo en todo su esplendor, tratando de destruir al país, incendiar todo, desconocer los métodos democráticos. También los veremos cambiando de piel y tratando de subirse al coche del nuevo gobierno.

Si usted amable lector piensa que me he olvidado de Vizcarra, epítome y síntesis de todas las mañas del hijoputismo, permítame decirle que la verdad es que ya no lo quiero recordar.

4 Comentarios

  1. Los puntos descritos por Ud. Señor director en su columna no son otra cosa que expresión de una cultura que practica la diatriba teñida de una vulgaridad muy gruesa y obscena. No hay distinción que separe la racionalidad de los instintos. Preocupa demasiado que en esta cultura vulgar hundan sus raíces académicos, clérigos, estudiantes universitarios y no escapan políticos de baja estofa. La cultura de la vulgaridad explica que no haya razones para encontrar la correlación del derecho con el deber. Asistimos al espectáculo tan vulgar que el parlamentario Ricardo Burga fue golpeado por un joven periodista, ahora resulta que los defensores de los derechos humanos salen en coro a defender a un supuesto “joven valeroso”. Y ¿Dónde están los deberes? Estas son las mañas del hijoputismo como Ud. dice.

  2. Se entiende que los “referentes” que han salido a la palestra, no son sino voceros de aquellos que ven peligrar su “estabilidad laboral”. Burócratas salidos de grade o idl, o de cualquier oenege caviar. Ellos son los que a través de sus redes sociales logran convencer a los bobos de cacerola (que van a reemplazar a los tontos de capirote). ¡Vaya unos borregos! (los más contentos son los vendedores y fabricantes de ollas) (No nos podemos quejar, algún sector económico se reactivará.). Pero es increíble que haya gente saliendo a las calles y destruyendo la propiedad ajena, ya está bastante golpeada la economía como para que se sea tan irresponsable. Y peor sabiendo que en muchos países se está reactivando el corona.

  3. Que sucedería si mi comentario incluyera hacia el autor de la nota:”que tal hijo de puta” sóólo por expresar lo que otrso tratan de plantear como un mensajede “ocurrente”, “habil con el lenguaje”? Mis conocimientos me dan la oportunidad de escoger el término o palabra o frase que contenga el mensaje y el impacto del receptor. Eso es lo que considero que Ud. requiere como comunicador social o con cualquier intención que tuviere ha expresar en la docena de parrafos expuestos. Creo que las personas tienen que usar los mejores recursos a su alcance y evitar irradiar una imagen que los descalifique..

  4. hahahahahahah perdieron genios!!! quisieron gabinete conservador y les toco los mas progre que esta patria haya tenido en 2 siglos hahahahah, espero que lo lean antes que borren mi comentario, a La Abeja le importa tanto la libertad de expresion como a Maduro LOL!!!.

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