Cultura

EL EXPRESIONISMO FAUVISTA DE HERSKOVITZ

 Por: Alfredo Gildemeister

Cuando estudiaba pintura en la academia Suarez Vértiz, allá por los setenta, recuerdo el día en que el maestro don Germán Suárez Vértiz me autorizó a comenzar a pintar al óleo. Muy entusiasmado me inicié en la técnica del óleo y casi instintivamente mis cuadros se empezaron a diferenciar de los que elaboraban los demás alumnos, que pintaban más al estilo clásico, figurativo, que enseñaba la señora Tere, esposa de don Germán. Hay que tener en cuenta que yo no había cumplido aún los catorce años de edad, era un chibolo que amaba la pintura, y gracias a Dios, ya destacaba entre los demás alumnos.

En las muestras colectivas que hacíamos en diversas galerías de Lima, mis cuadros le gustaban a la gente y los compraban para mi sorpresa. Don Germán y la señora Tere me decían que mis cuadros tenían fuerza y un colorido muy audaz. Sin embargo, la señora Tere insistía en inculcarme el estilo clásico, estilo que no era definitivamente el mío. Un buen día pasó el maestro Suarez mientras pintaba un bodegón y me dijo con su acento tarapaqueño -pues de Tarapacá era nada menos y muy patriota- lo siguiente: “Deberías ver los cuadros de Herskovitz. Tu tienes algo de su fuerza y color”. No conocía a Herskovitz hasta que lo conocí. Fue casi amor a primera vista. Cuando vi sus cuadros, me enamoré de su arte y así se volvió mi pintor peruano favorito para siempre. Pero, ¿Quién diablos era Herskovitz?

David Herskovitz nació en Indianápolis, Estados Unidos, en 1925 y vino por primera vez al Perú en 1960, sintiéndose de inmediato atraído por nuestra hermosa tierra por lo que al poco tiempo decide venir a quedarse a vivir en el Perú. En nuestro país desarrolló una gran carrera artística. Su pintura destaca por sus fuertes colores y contrastes, así como por su expresionismo y fuerza que se aprecia en cada uno de sus hermosos cuadros.

Llaman la atención sus obras influenciadas por la Segunda Guerra Mundial, conflicto en el que participó luchando en Francia, lo cual no le impidió que dejara de pintar o dibujar, pues pintaba letreros de corte militar en tanques o en contenedores, retratando inclusive a sus compañeros de armas. Cae herido en la contienda y se la pasa varios meses convaleciente en un hospital en Francia, lo cual le permite leer la famosa novela de Irving Stone “Lust for Life” sobre la vida de Vincent van Gogh, novela que en 1956 sería magistralmente puesta en el cine con Kirk Douglas y Anthony Quinn, y que le permitió al convaleciente Herskovitz identificarse con el “loco del pelo rojo”, esto es, con Van Gogh. De regreso de la guerra el maestro continuó estudiando en Nueva York en el Pratt Institute y en el Art Students League; además de estudiar técnicas de gravado con Harry Sternberg y pintura con Reginald Marsh.

Como mencioné, en 1960 llega al Perú y decide radicar en nuestro país, con lo cual su pintura y su temática adopta muchos temas de nuestra realidad peruana como su famoso cuadro de la Basílica de la Merced de 1960 o el del Templo de las Nazarena de 1961, la Iglesia de Lurín de 1971 o la de Imperial de Cañete de 1974, así como el Puente Piedra de 1981 o Santa Catalina de 1984. También pinta figuras típicas de nuestra ciudad como el organillero de 1971, el camionero de 1973 o el carnicero de 1970. Sus diversos cuadros de ancianos en sillas de ruedas de 1975 son muy recordados, así como sus desnudos y bodegones, obras que inevitablemente me hacen recordar al fauvista Henri Matisse, aunque Herskovitz marcaría, definitivamente, su propia personalidad y estilo.

Su cuadro denominado “Terrorista” de 1988 marca la impresión que el terrorismo de los ochenta dejara en el maestro, al igual que la terrible huella que le dejara la guerra mundial en la que luchó. Años más tarde, Herskovitz decidió irse a vivir a la ciudad de Arequipa, en donde vivió al lado de su mujer el resto de su vida, sin dejar de pintar y dibujar.

En el 2006 por fin pude conocer al maestro pues vivía recluido en Arequipa y no recibía a nadie o, en todo caso, a muy pocas personas. Vivía feliz en medio de su soledad, entorno y viejos recuerdos. Fue el miércoles 26 de junio de 2006 en el que se presentaba una retrospectiva o muestra antológica de Herskovitz en la galería del Instituto Cultural Peruano Norteamericano de Miraflores.

Fui con mi madre, que también pinta -pues estudiamos juntos con el maestro Suarez Vértiz- y pude conocer al maestro. Herskovitz llegó a la galería acompañado de un grupo de señoras admiradoras suyas, con una gorra de tela, en camisa y pantalón, muy sencillos, y él, muy sonriente, por cierto. Conversamos unos minutos y me obsequió su firma en el catálogo de la exposición, la cual contenía numerosos y hermosos cuadros, dibujos, bocetos y algunas obras sobre la guerra en construcción volumétrica. La exposición era verdaderamente un homenaje al gran maestro con lo mejor de su obra. Al ver sus pinturas mi madre me decía que ese era mi estilo, fauvista (de fauve, fiera en francés). Fauvista fue Matisse por ejemplo, pero en el caso de Herskovitz, yo diría que era un expresionista fauvista, pues sus cuadros revelaban mucha expresión y fuerza, además de un colorido maravilloso. No quise molestarlo con la típica fotografía con el celular, pues Herskovitz en el fondo era algo tímido y retraído, por lo que me quedé sin fotografía alguna suya. Pero me basta con sus pinturas y el hermoso libro publicado sobre la muestra antológica 1947 – 2006 que luego adquirí sobre la referida muestra.

Herskovitz falleció en su amada Arequipa el pasado sábado 15 de febrero de 2020, a los 95 años de edad. Vayan estas líneas en homenaje a este gran pintor que, si bien era norteamericano, su corazón estuvo y quedó siempre en el Perú. Un pequeño homenaje al “expresionismo fauvista” de Herskovitz. Sus cuadros marcaron mi alma para siempre. ¡Descansa en paz maestro!

Dejar una respuesta