La columna del Director

DEJO MI CADÁVER COMO UNA MUESTRA DE MI DESPRECIO HACIA MIS ADVERSARIOS

Por: Luciano Revoredo

Alan García, dos veces Presidente Constitucional de la República ha sido la primera víctima mortal de la infame dictadura que se pretende imponer en el Perú. Este es el resultado de un progresivo envilecimiento de la política, la justicia, los medios de comunicación y la sociedad. Es momento, precisamente ahora que conmemoramos la Semana Santa, que hagamos un alto para reflexionar lo que queremos como país y colectividad.

Es imprescindible que avancemos hacia un ejercicio equilibrado del poder. Es imprescindible que un liderazgo claro y honesto nos lleve a un escenario de justicia sin odio, de construcción de un Perú grande y reconciliado sobre principios democráticos.

El trágico suicidio de Alan García marcará un antes y un después en la historia política peruana. En el acto mismo de oprimir el gatillo, el acto político más trascendental de su vida, García rubrica su personalidad y da un vuelco de 180 grados a la política peruana. Pone en evidencia las miserias de una política de persecución y chantaje inaceptables, sobre la cual hoy están puestos los ojos del Perú y el mundo.

No es momento de juzgar el actuar político de un hombre como García que gobernó con luces y sombras. No es momento de calificar su decisión dramática de tomar su vida, no nos corresponde. Algunos carroñeros ya lo están haciendo. Por nuestra parte, recogemos el llamado del Cardenal Cipriani: “Dejemos el clima de odio, se están imputando actos sin pruebas y esto tiene que terminar…”.

La hora actual nos obliga a rectificar y enmendar el rumbo que nos está llevando a un fraccionamiento como sociedad sin precedentes. No se puede permitir que el odio, la persecución y el acoso político lleven a la oposición y los adversarios hasta un límite en que el único recurso de salida sea el suicidio.

Sin embargo, parece que no aprendemos la lección. Parece que no bastó con acorralar y acosar hasta la muerte al Presidente Alan García. Parece que no bastó con el ensañamiento siniestro que ha condenado al Presidente Fujimori a una muerte segura en las más indignas condiciones. Parece que no fue suficiente con una “condena” anticipada y sin ninguna justificación de tres años a Keiko Fujimori. No, no bastó, ahora con el telón de fondo de un oportuno incendio, condenan a muerte a un octogenario agonizante.

En eso nos quieren convertir, en una sociedad salvaje, en una tiranía que se impone sin respeto de los más elementales principios del estado de derecho, ajena a toda forma de justicia y al margen de todo sentido común. Estamos notificados e impedirlo está en nuestras manos.

Por lo pronto, aún resuenan en nuestros oídos las desgarradoras palabras de Alan García casi propias de una tragedia unamuniana: ”Dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis compañeros, una señal de orgullo. Y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse.”

2 Comentarios

  1. Hola luciano soy recontra caviar, siempre voto y votaré por la izquierda, sin embargo ocupo parte de mi tiempo leyendo columnas como la tuya o ACI prensa, por que bueno, a pesar de que piensan super contrario a lo que pienso, me gusta saber que piensan y por que piensan así. Quizás eres mejor persona que yo, te apiadas del alma de alguien como Alan Garcia, pero me gustaría opinar acá lo que pienso, y lo que pienso es:

    Todos los “perseguidos” políticos deben pagar, y la muerte sin duda es un precio muy barato a todo el sufrimiento que esos “perseguidos” han causado, las colas que mis papas y hermanos tuvieron que hacer en el gobierno de Alan, el miedo de mi padre a ser despedido de su trabajo en el gobierno de fujimori, la decepción del engaño de Toledo, y la mediocre gestión de Humala y PPK. En mi familia tuvimos suerte, muchísima, soy agnóstico, mi mamá dice que fueron sus oraciones, en todo caso pienso que fueron las dos cosas. Pero muchos no tuvieron esa suerte, unos murieron de hambre, otros ya no tenían trabajo, unos selváticos de “cuarta categoría” murieron contra la policía, otros arequipeños “anti inversión” murieron contra el ejercito en el valle del tambo, etc etc.

    Todos ellos, toda esa lacra política debe morir, debe morir o ser llevada a la muerte, pensé que no era justo que Alan se haya suicidado cobardemente, pero luego pensé que debió haber sufrido mucho la noche antes a su cobarde disparo, de seguro no pego una sola pestaña torturandose mentalmente y me alegro de eso, me alegro de que sufriera, yo no soy buena persona como tu o el gran cipriani, que ya perdonaron, no, yo no perdono a alguien como ellos, desde Velazco , pasando por Abimael hasta PPK todos esos miserables deben o debieron sufrir.
    De manera indirecta o directa esa justicia que ahora trabaja y tu condenas los hace sufrir y me alegro, me alegro mucho, por que en el Perú los corruptos y miserables deben morir, y deben hacerlo sufriendo, es un ejemplo para toda América latina. Por que en este pais nadie aprendió a ser bueno de la manera suave, debido a eso, a todo ese odio y resentimiento de la población acumulado es que ahora mas gente hace memes de la muerte de Alan que los que piensan “Es una pena”, mas gente hace memes de PPk o Fujimori a punto de morir que los que dicen “Pobres, ya están viejos”.

    El odio y el resentimiento son naturales, y es más natural si es contra esos que generaron el odio. No me siento orgulloso de mi odio, es facil decir lo que dije por que yo no soy el “verdugo”, pero Luciano, creo con firmeza que el Cancer se mata. No soy hipócrita, creo en lo que dije y en lo que pienso. Lamento si mi forma de escribir es mala, o si escribí mucho, mas me dedico a los números.

    Gracias

    Dato extra: Seré caviar pero estoy en contra del aborto, aunque los gays no me caen mal, no eches la culpa de mi sed de sangre a la cultura de muerte plis 😀 solo soy como el resto xD

  2. Lo peor de todo es que ahora se pretende usar su cobarde suicidio como excusa para criticar el trabajo del Ministerio Público y entorpecer el trabajo de fiscales que nos han hecho recordar que la justicia aún existe en el Perú.

    La lucha contra la corrupción no puede detenerse. Los fiscales necesitan de nuestro apoyo, de lo contrario la impunidad prevalecerá nuevamente. García fue víctima, sí; pero fue víctima de su propia conciencia, de la sensación de sentirse acorralado y de saber que ahora sí le había llegado la hora de responder por sus crímenes.

    El Cardenal emérito sorprendió mucho con sus declaraciones; generalmente ante un suicidio, el discurso que se suele repetir es: “no somos dueños de nuestra vida, solo somos administradores. No tenemos derecho a quitárnosla”. No obstante, parece que el cardenal solo quiso quedar bien ante la Gran Prensa, cómplice del show mediático.

    García, dejó una gran deuda al no responder por sus crímenes; se respeta el dolor que su muerte ha causado en sus familiares, pero esto no lo convierte en santo e inmaculado. En definitiva, la muerte de un ser humano no puede ser motivo de alegría ni celebración, aunque se trate de alguien que estando en el poder, ordenó matanzas.

    Y si de cartas dramáticas y desgarradoras se trata, quizás deberíamos leer la de Juan Manuel Balmaceda o la de Salvador Allende, presidentes chilenos, cuyos suicidios sí fueron un gesto de dignidad.

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