Política

ABIMAEL EN EL FLEGETONTE

Por: Andrés Valle Mansilla

Abimael Guzmán Reinoso falleció a los 86 años tras ser responsable de más de 30 mil asesinatos caracterizados por su crueldad inmisericorde. Ello, con el objetivo de intimidar a quienes no se plegaban a su ideología o a sus huestes. En su afán de emular a Mao Zedong, quiso llevar la revolución del campo a la ciudad, repitiendo la exitosa experiencia roja en la China maoísta contra los militares nacionalistas liderados por Chiang Kai-Shek y los invasores japoneses, pero ignoró la realidad del Ande peruano, sus costumbres y tradiciones, absolutamente ajenas. El mismo error que repitió el terrorista Ernesto Guevara en Bolivia.

Nunca sabremos si hubo arrepentimiento sincero en su corazón antes de dejar esta vida, pero por su fanatismo ideológico y su actitud desafiante, incluso en su ancianidad, es difícil creer en eso, por lo que podemos darnos una licencia post-mortem para ilustrar su eterno destino. Para ello contaremos con La Divina Comedia y más exactamente con el canto XII del Infierno, donde son castigados los “violentos contra el prójimo”. Menciono esto porque el 14 de setiembre de 2021 se cumplen 700 años de la muerte del gran poeta florentino Dante Alighieri, autor de esta obra cumbre de la literatura universal.

Algunos años antes escribí mi primera impresión tras leer el poema por primera vez, pero dado que estamos en el año de Dante y justo en la víspera de su partida, nada mejor que homenajearlo colocando en el círculo correspondiente a uno de los seres más viles que vio nacer el Perú. Cuando Dante y el poeta latino Virgilio, su guía en el Infierno y en el Purgatorio, llegan a la entrada en el “reino del dolor eterno”, se topan con un letrero mandado escribir por Lucifer y en el que destaca el verso 9 del Canto III: “Lasciate ogni speranza voi che entrate” (renuncien para siempre a la esperanza los que entren).

Tras superar la pavorosa advertencia ya mencionada, ambos poetas se adentran en aquél oscuro mundo de terror y desesperación y cuando descienden al sétimo círculo (el de los violentos) notan que están dividido en tres secciones, los violentos contra el prójimo, los violentos contra sí mismos y los violentos contra Dios. En la primera sección se encuentran los asesinos, los tiranos y otros condenados que violaron en Quinto Mandamiento de diversas formas (hoy incluiríamos a los genocidas y a los abortistas). Por supuesto, los terroristas también, y eso nos lleva de vuelta a Abimael.

De haber llegado al poder, habría impuesto un sanguinario régimen muy similar al de los jemeres rojos de Camboya (1975-1979). Lo importante para él no era la dignidad humana sino el poder en sí mismo como objetivo supremo de quien profesaba el “pensamiento Gonzalo”, una mezcla de marxismo, leninismo y maoísmo sin fundamento sólido ni respeto por el pensamiento ajeno y menos por la democracia. Su ideología lo llevó a captar jóvenes de lugares alejados y pobres para lograr la victoria de la llamada “guerra popular”. Es decir, todo lo que favoreciera su revolución era bueno, independientemente de si era delictivo y moralmente condenable.

Eso explica el extremismo de su pensamiento y que creó en torno a su persona un culto similar a un líder “iluminado”. Matar con coches bombas, machetes, piedras, armas de fuego y llevando a cabo juicios sumarios contra autoridades, policías, militares, jueces, fiscales, ronderos y demás peruanos inocentes para ganar el poder fue la táctica empleada, pero que sólo originó repudio popular y la respuesta expeditiva de parte de un Estado en crisis y que requirió de decisión e inteligencia.

Soy testigo de esa época por haber crecido en un país donde se respiraba terror, inseguridad, vigilancia permanente, hiperinflación, miseria y pesimismo. El hecho de que Guzmán falleciera justo en el vigésimo aniversario de los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos, quedará marcado como un estigma perpetuo de su persona y su legado. Dios dijo “No matarás” y eso implica escuchar, ejercitar la paciencia y la tolerancia, moderar nuestra boca al hablar de otros y respetar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Tras ser mostrado en traje a rayas y dentro de una jaula luego de su captura, Guzmán sacó a relucir su ceguera ideológica al proclamar de forma altanera “esto no es más que un recodo en el camino”. Por lo tanto, cada peruano tiene una responsabilidad en el combate contra el comunismo, ideología que sólo generó miseria y más de 100 millones de asesinados en todo el mundo (y sigue la cuenta). Así como el nazismo está prohibido a perpetuidad en Alemania, el comunismo, con sus métodos violentistas deben seguir el mismo destino.

Dante Alighieri y Virgilio compartirían la misma opinión respecto de las causas y consecuencias del terrorismo, porque una cosa es el levantamiento contra un invasor extranjero o la sublevación contra un régimen tiránico y totalitario, y otra es el iniciar una guerra en base a ideologías que deforman el sentido común despreciando la dignidad de los seres humanos. Abimael ya estará sumergido en ese río de sangre hirviente llamado Flegetonte. Sangre de la gente que mandó asesinar, y ahora es atormentado por los flechazos disparados por los centauros, que impiden que los condenados salgan de ese río.

Pese a todo lo anterior, no podemos quedarnos en el Infierno por más que nos impacte o atraiga. Estamos invitados por la Divina Providencia a subir, confiados en su ayuda, hasta llegar a lo más alto: la comunión con Dios Uno y Trino, que hace que la voluntad y deseo de Dante giren de manera armoniosa movidos por el amor divino y así gozar de la felicidad perpetua. Ese es nuestro destino y no el poder temporal. Por algo el poema termina con el bellísimo verso 145 del Canto XXXIII del Paraíso: “L’Amor che muove il Sole e l’altre stelle” (el amor que mueve el Sol y las demás estrellas). ¡Viva Dante! ¡Viva l’Italia! ¡Viva el Perú!

Dejar una respuesta